13 Tzameti crítica película de Gelá Babluani

13 Tzameti cartel pelícualDirección y guión: Géla Babluani.
Países: Francia y Georgia.
Año: 2005.
Duración: 93 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Georges Babluani (Sébastien), Aurélien Recoing (Jacky), Pascal Bongard (maestro de ceremonias), Fred Ulysse (Alain), Nicolas Pignon (Romain), Vania Vilers (Schloendorf), Christophe Vandevelde (Ludo), Olga Legrand (Christine Godon), Augustin Legrand (José), Joé Prestia (Pierre Bléreau), Philippe Passon (Jean-François Godon), Didier Ferrari (inspector).
Producción: Géla Babluani y Fanny Saadi.
Música: East.
Fotografía: Tariel Meliava.
Montaje: Noémie Moreau.
Dirección artística: Bernard Peault.
Vestuario: Sabine Solin.
Color: Blanco y negro

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Esta película rodada en blanco y negro supone el debut en la dirección del Georgiano Gelá Babluani, que ha recurrido a su hermano Georges Babluani (Sébastien) al que le ha dado el papel protagonista.

Durante la primera parte de la película, no tenemos muchas pistas para saber lo que nos espera. Vemos a un joven que trabaja como albañil arreglando el techo de una casa, donde el propietario adicto a las drogas espera un encargo que le puede dar mucho dinero. El joven albañil que no anda muy sobrado de pasta, agudiza el ingenio y cuando el dueño muere en la bañera se las ingenia para suplantarlo y dirigirse «a ninguna parte».

Esa mitad resulta árida, seca hasta la extunación, fría y gélida al mismo tiempo. Luego este joven llega a una casa en mitad de un bosque, donde se prepara el circo y Sébastien tiene así claro cual va a ser su papel en esa historia.

Sébastien el actor Georges Babluani en 13 TzametiQueda evidente que mientras unos se juegan el pellejo otros se llenan los bolsillos: otra forma más de explotación.

Lo que resulta curiosa es que en la «era global de la hiperviolencia» donde nuestras comidas van a acompañadas de decenas de muertos chorreando sangre en Irak, el director, haga un planteamiento de la película donde predomina la sordidez, la «violencia no explícita», de ahí que es chocante que en lugar de haberse desatado con un reguero de vísceras, borbotones de sangres y sesos empapelando las paredes, el director opte por una violencia seca, como un hachazo en un tronco, un corte limpio, sin aspavientos ni recreaciones gratuitas, que resulta a la postre más efectiva, por inesperada y porque estamos ya inmunizados a los «torrentes sanguineos tarantinianos«.

Que la película esté rodada en blanco y negro aún hace la película más sórdida y desasosegante. No está nada mal para tratarse de una «opera prima» donde Gelá sabe perfectamente lo que quiere rodar y como hacerlo, de un modo desenvuelto, con pulso firme, sin vacilaciones, donde no sobra ni falta nada, con planos que enhiestan los pelillos y tensionan muchísimo más que cualquier producto terrorífico de esos que nos venden como «el no va más«.

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