Bienvenido a casa crítica película

Dirección y guión: David Trueba.
País: España.
Año: 2006.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Alejo Sauras (Samuel), Pilar López de Ayala (Eva), Ariadna Gil (Sandra), Juan Echanove (Félix), Jorge Sanz (Lucas), Concha Velasco (Madre de Samuel), Vicente Haro (Don Vicente), Javivi Gil Valle (Mariano), Julián Villagrán (Contra), Juana Acosta (Nieves), Carlos Larrañaga (Andrés).
Producción ejecutiva: Cristina Huete.
Música: Javier Limón y Andrés Calamaro.
Fotografía: Juan Molina.
Montaje: Manuel Huete.
Dirección artística: Clara Notari.
Vestuario: Lena Mossum

Queríamos haber hecho alguna crítica que recogiese en su título la palabra «300» pues este es el número de películas que hemos críticado en nuestra blog hasta la fecha en este año y pico de andadura virtual. Como no ha sido posible, la crítica 300 le corresponde a Bienvenido a casa que es la última que he visto.

La nº 400 la tenemos clara: Los 400 golpes, pero todavía queda tiempo hasta entonces.

Bienvenido a casa guionizada y dirgida por David Trueba se llevó la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección en el Palmarés de la 9ª edición del Festival de Málaga.

Trueba pergeña una agridulce comedia poblada de seres desencantados y desgreídos de la vida que les ha tocado vivir, que proyectan sus fracasos y miserias en el negro futuro que preven.
La historia comienza cuando Samuel, deja su pueblo para llegar en autobús a la capital, a Madrid, esa ciudad que se ama y se odia a partes iguales según dicen quienes allí viven.

Al poco de llegar y gracias a los contactos de su madre, Samuel, que ejerce de fotografo comienza a trabajar como tal en una revista. Sus compañeros de trabajo son esos seres desgreídos y cenizos antes citados. Está el anti-sistema, el invidente que es crítico de cine, el ligón empederninado que va polinizando de flor en flor, el que ha pasado por el haro y tiene mujer e hijos (muy hiperactivos por cierto) y la compañera descreída que no cree en el amor pero sin en el sexo salvaje con desconocido.

A Samuel en Madrid le espera su novia de toda la vida, Eva, que toca la viola, con la que despúes de muchos años de relación finalmente han decidido vivir en pareja (y romper el encanto). Esto sumado al inesperado embarazo de la joven, hace que Samuel ante lo que se le avecina, quiera poner pies en polvorosa, azuzado por los cínicos y mordaces comentarios de su compas que hacen todo lo posible para desviarlo del buen camino. Para mayor desazón de Samuel cuando está en sex-shop viendo contonearse a una mujer, descubre que es una chica con la que hizo la primera comunión. La chica muy sexy y lanzada tampoco le hará nada fácil a Samuel su empeño en mantenerse fiel a su pareja, más ahora que va a ser padre.

Quizá Trueba estereotipa mucho a sus personajes, los lleva muy al límite rozando la caricatura, y ciertas escenas burlescas y corales, resultan forzadas. El director alterna los momentos cómicos, destilados como cruel ironía y sarcasmo, que los hay, con otros más tiernos y emotivos, como si quisiera liberarnos de esos personajes pesimistas que dan por perdida la partida antes de jugarla y tratara de reconciliarnos con el ser humano, como si lo hermoso de esta vida, también estuviera ahí, quizá latente y solo haya que hacer un pequeño esfuerzo para descubrirlo y disfrutarlo.

El desencanto de este grupo catastrofista se opone a la ilusión e intusiasmo de Eva, que se ve sola en el pesaroso camino pre-parto, donde ve que su noviete no le sigue, no le escucha, no le habla, siente pues que lo está perdiendo, ante el poco convencimiento de Samuel que no acaba de creerse lo que se le ha venido encima.

Trueba mantiene un buen ritmo narrativo lo cual hace que la película capte la atención
casi desde el comienzo. Si que me sorprende, quizá buscando huir de la corrección, la cantidad de veces que las conversaciones giran en torno a las pajas, las masturbaciones los polvos, cascársela… vocablos más propios de la saga American Pie o del incontiente Torrente que de un cineasta de calado conceptual como lo es Trueba, que bien sabe que la gracia está no en lo que se ve sino en lo que se intuye.

Las interpretaciones son correctas, tanto de la pareja protagonista como del resto. El serrano Alejo Sauras comienza con buen pie su andadura cinematográfica si bien deberá hacer un esfuerzo en desprenderse de su imagen «serrana» si quiera madurar como actor, camino ya de la treintena, y no quiere ser el eterno adolescente como Jorge Sanz.
Pilar Gómez de Ayala brilla con intensidad, con su bella cadencia vocal y su cálida mirada
Echanove pareciera encontrarse sobre una platea, pues su interpretación, quizá por hacer de invidente, resulta un tanto afectada y engolada.
Jorge Sanz, hace el mismo papel de siempre (¿puede hacer otro?). El rol de destroza-bajos le va como anillo al dedo. Segura tiene una papel nimio y cuesta reconocerlo con el pelucón y el corrector dental.
Concha Velasco se desteta sin venir a cuento, a menos que sea condición «sine qua non» para cantar una nana.
Julián Villagrán (Contra), compone un emotivo discurso en su despedida.
Ariadna Gil no la acabo de ver en el papel de esa mujer echada para adelante, muy pasota y arrebatadora.

Una película pues pasable, no fallida, con muchas cosas en su haber, pero lejos de Soldados de Salamina por citar alguna de su director.

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