Cuarto episodio de la tercera temporada de la serie Perdidos, Every Man for Himself

Sawyer trata de escapar golpeando a Ben. A fin de acojonarlo a Sawyer lo llevan a una sala, donde le implantan un aparatito, similar al que lleva A Sawyer le implantan un aparato un conejo blanco que la palma en pocos segundos. Si sus pulsaciones, que visualiza en su reloj de pulsera, suben por encima de las 140, su corazón explotará. También Ben, puede darle a un botoncito si Sawyer quiere escapar, matándolo igualmente. Luego, tras el implante, lo devuelven a su jaula.
Si Sawyer canta, a Kate le pondrán otro aparatito igual, así que Sawyer a su vuelta a la jaula guarda silencio. Kate ve la posibilidad de escapar de la jaula y de hecho escapa, con la intención de llevarse a Sawyer con él. Al ver que éste no quiere huir, Kate decide volver a la jaula.

Mientras, Connie, la que recibió el balazo en el velero, debe ser intervenida de urgencia. Juliet, que es médico, requiere la ayuda de Jack, que poco puede hacer pues Connie muere al poco de entrar en el quirófano. Jack antes de entrar en el quirófano ve unas radiografías de las que saca como conclusión que alguien de los otros tiene un tumor en una vértebra que requiere de una operación inmediata, que Jack, prestigioso cirujano, puede llevar a cabo. Ben se confiesa con Jack y le dice que el enfermo es él y que le hubiera gustado que Jack le operase, de modo voluntario, sin coacciones. Juliet va a visitar a Jack con un vídeo, “Matar a un ruiseñor”, que en realidad muestra unas imágenes en las que aparece Juliet con unas pancartas, en las que Jack puede leer que no todos están conformes con el liderazgo de Ben, que éste es muy malo, que miente, que no le dejará escapar y que tiene que ayudar a Ben, operándolo, para así ayudar a todos los demás. No sabemos si Jack se cree lo que Juliet le cuenta o si es otra artimaña más de Ben, compinchada con Juliet.

Sawyer en la carcel A Sawyer lo vemos tiempo atrás, en la cárcel, cumpliendo condena. Sawyer hace amistad con un preso acusado del robo de diez millones de dólares, al que logra convencer para que le diga donde está el dinero. Con esta información que Sawyer proporciona a los agentes del Tesoro ve conmutada los seis años de condena que le restan y se ve libre y con una generosa comisión por los servicios prestados. En la cárcel recibe la visita de la mujer que le delató, la cual le hace sabedor de que es el padre de una niña. Ese dinero Sawyer lo pone a nombre de su hija, con la condición expresa de que su hija nunca sepa quien le entregó esa cantidad.

Ben se lleva a Sawyer de paseo y finalmente le descubre el rostro para que vea donde se encuentran. En frente suyo está la isla donde cayó el avión. Los “otros”, donde están retenidos Jack, Sawyer y Kate están a pocos metros. Así que Ben le comenta a Sawyer que no hay adonde huir, al tiempo que le dice que lo del implante del aparatito, no fue tal, que sólo le introdujeron en su cuerpo “el virus de la duda”. Sawyer no sabe si Ben dice la verdad. Pasa lo mismo que con los números y el botón que había que pulsar cada 108 minutos dentro de la escotilla, que se convirtieron en una cuestión de fe. Si Sawyer quiere saber que hay de cierto en las palabras de Ben, tendrá que jugarse la vida.
“Te digo que si uno está tan solo se pone enfermo” (De ratones y hombres, John Steinbeck) le dice Ben a Sawyer.

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