Diario de una niñera crítica película

Dirección: Robert Pulcini y Shari Springer Berman.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 105 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Scarlett Johansson (Annie Braddock), Laura Linney (sra. X), Paul Giamatti (sr. X), Nicholas Reese Art (Grayer X), Donna Murphy (Judy Braddock), Alicia Keys (Lynette), Chris Evans (el vecino guapo de Harvard).
Guión: Robert Pulcini y Shari Springer Berman; basado en la novela de Emma McLaughlin y Nicola Kraus.
Producción: Richard N. Gladstein.
Música: Mark Suozzo.
Fotografía: Terry Stacey.
Montaje: Robert Pulcini.
Diseño de producción: Mark Ricker.
Vestuario: Michael Wilkinson.

Una entrevista de trabajo le permite a la recién licenciada en economía Annie plantearse quién es, adonde dirige sus pasos, todas esas preguntas que alguna vez nos hacemos cuando nos sentimos perdidos, o cuando la brújula se nos ha quedado sin pilas.
Es un juego divertido pensar sobre qué hacen los demás, acerca de como son sus vidas. Así como si de un museo de antropología se tratara cada persona que ve en Upper East Side en la ciudad de Nueva York (abogadas, diseñadoras, amas de casa, vagabundas..) Annie lo ve como un objeto de estudio, sobre el que analizar sus ingresos económicos, situación familiar, etc, echando mano de una ficticia guía donde viene esa información.

Una tarde en un parque, el azar le lleva a salvar a un niño de ser atropellado. Esto le pone en contacto con su madre que la quiere como niñera de su retoño. No sólo ella sino una docena de mujeres que también quieren sus servicios. Así Annie decide dejar de lado sus planes más inmediatos y probar fortuna como niñera. No se da la circunstancia de que la niñera resulta inevitable al trabajar los dos miembros de la pareja, sino que en este caso, son mujeres que no trabajan, tampoco estudian, pero precisan de una niñera que les permita así sacar tiempo libre para alimentar su espíritu, dorar su cuerpo o vestirlo.

Los inicios no son fáciles pues el retoño de la Sra X, es un demonio de pequeñas dimensiones, más malo que el sebo o cuando menos travieso y juguetón, harto de ver pasar niñeras por su vida como vagones de metro.
Que no es fácil ser niñera está claro, que estar todo el día con niños ajenos a rastras así como llevar a cabo todas las labores caseras es agotador, es evidente. Annie con su capacidad de observación es testigo del quehacer de otras niñeras con las que coincide en el colegio.
Inserta en una familia acomodada, al padre de familia, al Sr. X no le ven el pelo, todo el día trabajando, al igual que la madre, así que el hijo sólo encuentra compañía en Annie, la niñera. Annie eviscera la podredumbre de esa familia (¿extrapolable a otras familias similares de parejo status?), sus hipocresías y miserias, la aceptación de las infidelidades, las falsas sonrisas, las discusiones diarias, la mortecina indiferencia, el afianzamiento del status a costa de todo, el rigor de las convenciones grupales y un grupo de amigas o conocidas que parecen ser todas rematadamente estúpidas….

Para aliviar las fatigas laborales siempre hay un resquicio para el amor, así que Annie conoce a un fornido vecino, «el tío bueno de Harvard» que vive en el mismo bloque de casas, con el cual acaba saliendo y acostándose.

A pesar de algún destello esta comedia resulta muy descafeinada. El problema al adaptar una novela es que todo queda muy limitado, y aquí lo que hace falta es mucha más mala leche, más gamberrismo, estirar más situaciones hasta el absurdo, porque desgraciadamente todo deviene muy convencional. El trazado de los personajes es muy superficial, tanto del matrimonio X, como el niño que siempre comienza siendo muy malo y luego resulta encantador, o con la misma Annie, una Scarlett Johansson que no acaba de encontrar el tono a su papel, algo lógico porque no hay avance ni transformación en el mismo. ¿por qué sigue Annie haciendo un trabajo que odia? ¿por amor al pequeño? ¿por hacer ver el matrimonio lo inadecuado de su conducta?.

Diario de una niñera es una comedia fallida por su poco mordiente y sus escaso momentos hilarantes, que a pesar de ello se ve sin esfuerzo, de la que se agradece su falta de pretenciosidad y en la que no falta el típico momentazo sentimental que humedezca nuestros ojos, donde aflore lo hermoso, bello y ñoño que hay en la naturaleza de las personas.

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