El nuevo mundo crítica película

El nuevo mundo cartel películaDirección y guión: Terrence Malick.
País: USA.
Año: 2005.
Duración: 150 min.
Género: Drama, aventuras.
Interpretación: Colin Farrell (John Smith), Q’orianka Kilcher (Pocahontas), Christopher Plummer (Capitán Newport), Christian Bale (John Rolfe), August Schellenberg (Powhatan), Wes Studi (Opechancanough), David Thewlis (Wingfield), Yorick van Wageningen (Argall), Raoul Trujillo (Tomocomo), Michael Greyeyes (Rupwew).
Producción: Sarah Green.
Música: James Horner.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Montaje: Richard Chew, Hank Corwin, Saar Klein y Mark Yoshikawa.
Diseño de producción: Jack Fisk.
Dirección artística: David Crank.
Vestuario: Jacqueline West.

Terrence Malick es un director que genera pasiones y odios a partes iguales. Sus películas no son convencionales y El nuevo mundo, rodada ocho años después de La delgada línea roja no deja indiferente, o sí.

Es otra vuelta de tuerca sobre la historia de Pocahontas y John Smith. La primera es india y vive en Virginia con su tribu, a comienzos del siglo XVII, en un territorio que luego se convertiría en Los Estados Unidos. El segundo llega en un barco inglés, como prisionera, a esas tierras que los colonizadores denominarían El Nuevo Mundo.

La historia de amor que surgió entre John Smith y Pocahontas es hoy una leyenda americana que todos se saben al dedillo.
La película discurre próxima al linde de la pretenciosidad, por sus prolongadas pausas, por la dillatación de sus escenas, por su retórica visual, a lo que ayuda una magnífica fotografía de Emmanuel Lubezki, que corre el riesgo de embobarnos, por unos diálogos insulsos que para afianzarse aún más requieren de una voz en off.

Hay un claro desequilibrio en la pareja de actores encargados de interpretar este amor de leyenda. Q’orianka Kilcher, como Pocahontas es un hallazgo. Pocas veces he tenido ocasión de ver en una pantalla grande, el nacimiento de una actriz, un rostro límpido, ingenuo, cándido, un espíritu puro y virginal, travieso también como se colige de su apodo, dado que Pocahontas viene a significar «juguetona».
Es tal el portento físico y las marcas que deja en nuestras retinas la actriz alemana que a su lado Collin Farrel es un pelele, un hombre apocado, cariacontecido, de ojos procelosos, incapaz de transmitirnos nada de cuanto siente, cuando está cerca de su amada.

Como el tronco en la corriente, hemos de dejarnos llevar por la historia, dejarnos cegar por esa magnética fotografía, no por el influjo de una historia en la cual la falta de unos diálogos vigorosos hacen decaer el ritmo, y ya sea con John como luego con John Rolfe, una vez que hemos visto a Pocahontas juguetear en la selva, darse, mientras es bañada por los rayos solares, todo lo demás, sólo puede ser peor. Una vez que se conoce el paraíso, el infierno es todo lo demás.

Q’orianka Kilcher, a pesar de su papelón, no ha vuelto a hacer más películas desde 2005 que es cuando se rodó El Nuevo Mundo. Tenía entonces 15 años. Tiene en post-producción The power of few.

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