Gordos (Daniel Sánchez Arévalo 2009)

Gordos Dirección y guión: Daniel Sánchez Arévalo.
País: España. Año: 2009. Duración: 120 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Antonio de la Torre (Enrique), Roberto Enríquez (Abel), Verónica Sánchez (Paula), Raúl Arévalo (Alex), Pilar Castro (Pilar), Adam Jezierski (Luis), Leticia Herrero (Sofía), Fernando Albizu (Andrés), María Morales (Leonor), Marta Martín (Nuria), Teté Delgado (Beatriz).
Producción: José Antonio Félez y Antón Reixa. Música: Pascal Gaigne.
Fotografía: Juan Carlos Gómez. Montaje: David Pinillos y Nacho Ruiz Capillas.

A pesar del título la historia más que abordar el tema del sobrepeso nos presenta a hombres y mujeres que si le sobran unos cuantos kilos su verdadero problemas son las toneladas de taras y miserias que habitan en su interior.
El director, Daniel Sánchez Arévalo opta por un tono gamberro, donde prima lo soez, incidiendo continuamente en el asunto del sexo, lo cual de entrada ya choca porque uno espera ver la problemática del gordo/a, sin que la vida sexual de ellos sea determinante y nuclear durante toda la película.

De entrada, a la consulta de un pedagogo acuden un grupo de personas que quieren adelgazar. Antes de nada el pedagogo les invita a quedarse en cueros, lo cual espanta a muchos siendo los que permanezcan allí tal como vinieron a este mundo quienes se conviertan en los protagonistas de la historia.
Tras el despelotamiento general, toca conocer más de cerca a cada uno de los miembros de la terapia de grupo. Uno de ellos fue famoso por vender unas pastillitas para adelgazar, si bien recuperó su peso poco después, y ahora le sobran 37 kilos, es gay, insolidario, violento psicótico y egoísta, si bien encontrará la horma de su zapato en la mujer de un amigo en coma, la cual tiene un corazón tan grande que está dispuesto a comprarse un pene de latex a fin de consolar a su amigo tantas veces como haga falta, pero éste no quiere comprometerse y está dispuesto a pagar por sexo en lugar de aspirar a una relación seria.
Luego vemos como el terapeuta llega a casa, y tiene sexo con su mujer, después, otra de las asistentes de la terapia, que acude con su novio, con quien se va a casar, a una comunidad religiosa quiere tener sexo antes de dar el sí quiero, y andan todo el rato, dándole vueltas al asunto intercalando citas bíblicas que se conocen al dedillo, con un Jesucristo fosforescente sobre el lecho como testigo pasivo de su creciente y luego irrefrenable actividad sexual.
El más gordo de la terapia, es un CSI a la española, quien a pesar de su sobrepeso es una máquina sexual como los espectadores tendremos ocasión de comprobar, al verle dale que te pego hacerlo con su mujer tan oronda como él, siendo el polvazo grabado por uno de sus hijos con el móvil y colgado finalmente en la red. Hijos a los que uno gustosamente pagaría un billete de avión al fin del mundo. Finalmente la última asistente es una ingeniera que trabaja desde su casa, que gana mucha pasta y la cual al quedarse sola tras irse su pareja unos meses a trabajar al extranjero, comienza a visitar la nevera más de la cuenta, a comer sin miramiento, a coger peso, a odiarse a sí misma, a hacerse daño, para acabar acostándose con cuantos maridos guapos y proclives a la infidelidad se crucen en su camino, sin que esos kilos de mes sean un barrera al deseo.

Como colofón apuntar que la pareja del pedagogo está embarazada, y él a pesar de presentársenos como un profesional en lo suyo es un cagazas y el ver a su mujer ingrávida, con las tetas grandes y el vientre pronunciado, le produce rechazo, de ahí que no la toque, desinflándose el amor que siente hacia ella, lo que originará unas cuentas discusiones y más dramas añadidos.
A grandes rasgos estos son los elementos a los que se encomienda Daniel Sánchez Arévalo para pergeñar esta esforzada comedia dramática, llevando todo al exceso, proclive a la caricatura, como se aprecia en el personaje gay, que al principio habla normalmente cuando vende las pastillas y en la terapia, sobreactúa de modo inexplicable, por muy gay que sea adoptando una pose manida y caricaturesca. El resto de las historias tampoco hay por donde cogerlas. A fin de cuentas como vemos que estén gordos o no pasa a un segundo plano, porque son las frustraciones, la insatisfacción los problemas no resueltos, lo que les haces sentirse a disgusto, siendo el tema del peso un problema secundario, ya que gordos o delgados siguen igual de infelices y sus problemas no se resuelven.

A pesar de lo expuesto, Daniel demuestra talento en lo que hace, y estoy seguro que si pule ciertas cosas, deja de lado los excesos y coge el tono adecuado con un guión más equilibrado, nos ofrecerá grandes películas. Aquí como sucede ante la visión de un accidente de tráfico nos seduce las luces de ambulancia, la sangre, el papel amarillo de aluminio, los vidrios rotos, pero cuando la ambulancia parte, todo se olvida, como sucede con esta película, incapaz de echar raíces en los recuerdos del espectador.

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