La cinta blanca (Das weisse band, Michael Haneke 2009)

La cinta blanca cartel película Michael HanekeTítulo original: Das weisse band. Dirección y guión: Michael Haneke. Países: Alemania, Austria, Francia e Italia. Año: 2009. Duración: 144 min. Género: Drama. Interpretación: Leonie Benesch (Eva), Josef Bierbichler (encargado), Rainer Bock (doctor), Christian Friedel (maestro), Burghart Klaussner (pastor), Steffi Kühnert (Anna), Ursina Lardi (Marie Louise), Susanne Lothar (comadrona), Gabriela-Maria Schmeide (Emma), Ulrich Tukur (el barón). Producción: Stefan Arndt, Veit Heiduschka, Margaret Menegoz y Andrea Occhipinti. Fotografía: Christian Berger. Montaje: Monika Willi. Diseño de producción: Christoph Kanter. Vestuario: Moidele Bicke

El gran Michael Haneke ha vuelto para ofrecernos una obra de arte. Con gran maestría el director austriaco, nos presenta la vida diaria de una pequeña aldea rural, en los años previos a La Primera Guerra Mundial, donde aparentemente reina la paz y la concordia. Todo esto es pura fachada. Ya de entrada el médico del pueblo cae de su caballo al tropezar este con un alambre dispuesto entre dos árboles. A resultas de aquello el médico pasará un tiempecito sin trabajar recuperándose de las lesiones sufridas. Eso solo es el comienzo, dado que se sucederán los maltratos contra un par de niños, uno de ellos el hijo del Barón, cacique local que ocupa en sus terrenos a buena parte de la población local, y quien sin ostentar el distintivo de popular es cuando menos respetado.

Los niños son todos angelicales, blancos y rubios, pero todos ellos tienen una mirada, que parecen el mismísimo diablo bajo piel de querubín. El pastor protestante local tiene entre la miríada de vástagos un par de diablillos, a quienes la disciplina, el rigor, el orden y los castigos físicos impuestos, no logran meter en vereda, muy a su pesar, pero en quien prevalece más el sentido de protección que el de justicia, tan humano en definitiva como todos por muy pastor que sea.

La película está rodada en blanco y negro y su dureza es manifiesta. La semilla del mal ha germinado en ese poblado, y sin recrearse Haneke deja fuera de campo muchas cosas, lo cual hace la situación más insostenible, más asfixiante, como si esa porción de tierra, fuera un erial regado por veneros de maldad, donde reinase la envidia, el odio, la venganza, la crueldad, en un bucle del que es imposible salir, llegando inclusive a dinamitar la única inocencia que existe, la del niño Karli, con sindrome de down.

Si esto es el origen de lo que vendría después, el auge del nacionalsocialismo, el triunfo de Hitler y su plan de extermino judío, puede ser estudio de análisis. Lo que si que nos deja Haneke es una formidable aproximación a la maldad humana, a ese reverso oscuro, poco iluminado donde moran las serpientes inoculadoras del veneno del mal, todo ello perfectamente interpretado, con un climax que se mantiene desde que oímos la voz de ese hombre mayor, que quiere aportar algo de luz sobre lo que ocurrió esos años, en los que él era el profesor local.

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