La trinchera infinita (Jon Garaño, Aitor Arregi, José María Goenaga)

En 1980 Manu Leguineche y Jesús Torbado escribieron Los topos, recogiendo los testimonios de aquellos hombres que afines la República durante la guerra civil se escondieron en sus domicilios y volvieron a ver la luz tres décadas después, con la amnistía general decretada en 1969.

Dirigida por Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga (Handía), La trinchera infinita nos presenta la vida de uno de estos topos, Higinio, magníficamente interpretado por Antonio de la Torre. Cuando Higinio lo montan en un camión rumbo al paredón, en un momento de valentía y lucidez se tira del camión, se escabulle entre las calles, busca campo abierto, encuentra cobijo en las entrañas de la tierra, en la que sus dos compañeros encuentran la muerte en la profundidad de un pozo. Higinio logra volver a su domicilio y allá se encierra, empareda, enclaustra bajo unas tinajas, y unos falsos escalones que no advierten su presencia.

Al acabar la guerra y perderla Higinio sigue escondido, a la espera de que la segunda guerra mundial traiga nuevas buenas. No sucede. Nadie parece estar dispuesto a quitar a Franco del poder y así Higinio se ve encerrado, mientras ve pasar la vida, a través de su mujer, su hijo, una sociedad que se ve curando de la guerra, pero que él no puede disfrutar, confinado entre cuatro paredes. En una escena Higinio pide silencio. Es el silencio y el miedo lo que domina a Higinio, también la desconfianza. Mientras, Rosa (Belén Cuesta), su mujer lleva su vida, su cruz, como buenamente puede. Ofrece la película un final luminoso, demoledor. Higinio vuelve a ver la luz, reaparecido, como un resucitado tres décadas después, y sale a la calle con pasos titubeantes, creyéndose objeto de todas las miradas, de vecinos que desconocen su existencia, o su inexistencia, mientras en todo su viacrucis el contrapunto es Gonzalo, un vecino que se la tiene jurada porque según él fue Higinio y sus amigos quienes lo asesinaron cuando tuvieron el poder antes de que tuvieron lugar el comienzo de la guerra civil. Es esta una película austera, una pieza de cámara asfixiante, que registra a la perfección la atmósfera del encierro, la soledad, el vacío, en el que la guerra victimiza a todos ellos, a Higinio encerrado tres décadas, a Rosa con un marido fantasmagórico y un hijo siempre con miedo a hablar, a moverse, a actuar, a dar un paso en falso y mandarlo todo al traste. La película recupera así una parte de la historia que no debe olvidarse. Algo que no debería suceder nunca jamás.

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