Locos por el cine

Al tío, un tal Jack, que gritaba como un loco, «soy el rey del mundo«, le voló Terminator la tapa de los sexos. Son malas calles pensaba Scorsese repleta de asesinos natos como la lolita Lewis y el pirado de Harrelson que dejó su empleo como camarero, todavía «entre copas» en Cheers para preparar una buena. Las vacas de Medem pastan ajenas a todo mientras Tristán Ulloa bucea en el sexo de Lucía, una chica que luego fue Carmen, de la que perdidamente se enamoró el Navarro, que era Argentino, un tal Sbaraglia que descubrió de la mano de Fernando Fernán Gómez que «la ciudad no tenía límites».

Vino el verano y también los días de fútbol y de la pelota vasca que suscitaron polémicas en un documental que no estaba en construcción, pero se quedó sin el Goya, que Carlos Saura de la mano de Fernando Rabal llevó a la pantalla grande. Al séptimo día Dios descansó y de nuevo Carlos Saura y Loriga que olvidó bajo la cama la Pistola de mi hermano, hicieron esta película, de gente enferma. La mala educación tomó la pantalla de la mano de un cula cachondo y Almodóvar disparó a los críticos abriendo las puertas de los armarios de la que salieron locas. Había locos de amor otros estaban locos por Alabama y Antonio Banderas (de nuestros padres) conoció a una Femme fatale, una rubia explosiva que luego camufló su belleza pintada de azul en los X-men.

En la Jungla de cristal que son las ciudades, Willis y Samuel se hicieron amigos, no hablaban italiano para principiantes, lo hacían en inglés, el idioma de La Reina madre que caminaba gozosa por «El camino de los Ingleses«, que Alatriste iba dejando limpio de indeseables, para «volver» a su pueblo con «arena en los bolsillos» mientras sonreía al ver un cartel que decía «gracias por fumar». Pero «El diablo vestía de prada» y las «mujeres en el parque» cuchicheaban sobre los «asuntos pendientes» de resolución…….

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