Omar (Hany Abu-Assad, 2013)

Omar

Desde una cómoda y confortable existencia cuesta bastante ponerse en la piel de Omar, el protagonista de esta dura, emotiva y muy recomendable película Palestina.

Ahora que vemos en las noticias que los Palestinos han matado recientemente a cinco israelitas, ya nos tememos lo peor. De nuevo habrá más muertes, más ataques, más crímenes, más destrucción de casas palestinas y más ahogo sobre la franja y más pánico y mayores de dosis miedo para los Israelitas, que han comprobado que tienen al enemigo, ávido de sangre, en casa.

El protagonista es Omar, un joven que trabaja en una panadería y está enamorado de Nadia, la hermana de su amigo de la infancia Tarek. Sueña con vivir con ella, donde sea, pero juntos. El problema es que Omar debe contribuir a la causa palestina, luchar contra el invasor Israelí, aunque sea derramando su sangre, en cuyo caso será un mártir más. Omar junto a Tarek y Amjed, una noche en una excursión nocturna matan en un cuartel a un soldado israelí, valiéndose de un fusil con mira telescópica.

Acción-Reacción. Los Palestinos en esta ocasión golpean y los Israelitas responden con contundencia. Omar es detenido y pecando de pardillo, se ve más pronto que tarde ante la tesitura de tener que colaborar con el enemigo, o de pasar lo que le queda de vida en la cárcel.

Es evidente que para Omar tiene sus riesgos porque si vuelves una de dos: o has soportado lo indecible sin cantar, en cuyo caso es raro que te dejen en libertad, o te has ido de la lengua, eres entonces un traidor y trabajas para el enemigo.

Omar afirma (no puede decir otra cosa), que ha soportado ahí dentro sin cantar. Como sus amigos no ven nada raro entre las filas Israelitas tras la liberación de Omar, se creen la versión a medias, pero Nadia comienza a recelar, al dar por bueno lo que dicen esas voces maledicentes que tildan a su amado de traidor o colaborador. Omar, como los buenos políticos, ni afirma ni desmiente la mayor. Y se marca un plan, un punto de fuga, que me deja para el recuerdo un final impactante.

Buenísimas interpretaciones de la pareja protagonista (Adam Braki/Omar y Leem Lubany/Nadia), en la piel de estos sufridores Romeos Palestinos.

El director, Hany Abu-Assad (Paradise Now) aborda el tema con franqueza, con credibilidad, cargando las tintas en ambos bandos, sin cortarse a la hora de describir la violencia explícita y a menudo gratuita que se gastan los soldados israelitas, como se ve en la escena en la que tres de ellos vejan a Omar, por placer de humillar a alguien desarmado.
No hay buenos ni malos o unos no son más buenos que los otros, sino una situación trágica y dramática que no tiene visos de solucionarse, cuando el caldo de cultivo vemos que borbotea con cada acción violenta perpetrada en cada bando.

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Los jóvenes palestinos con ese muro de la vergüenza frente a sí, parecen animales acorralados, para quienes irse al extranjero o volar por los aires cometiendo un atentado, parece convertirse en sus dos únicas opciones vitales.

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