Sultanes (2007)

Sultanes cartel películaDirección: Alejandro Lozano.
Países: México y España. Año: 2007. Duración: 98 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Tony Dalton (Carlos Sánchez), Ana de la Reguera (Mónica Silvari), Silverio Palacios (Leserio Domínguez), Jordi Mollà (Leonardo Batiz), Celso Bugallo (El Tejano), Brian Maya (El Pibe), Rosa María Bianchi (mamá), Mario Alarcón (capitán), Juan Carlos Remolina (Juan), Coni Mariño (Rosa), Marcelo Piraino (Güero).
Guión: Tony Dalton.
Producción: Marco Polo Constandse, Fernando Rovzar, Billy Rovzar y Julio Fernández.
Fotografía: Juan José Saravia. Montaje: Luis de la Madrid.
Dirección artística: Santiago Elder.
Vestuario: Julia González.

Quizá esta película sea un alegato amoroso (un hombre dispuesto a hacer cualquier cosa por una mujer), es posible, pero su puesta en escena deja mucho que desear y hace aguas, o mejor dicho sangre, por todas partes, porque hay hemoglobina y violencia de sobra (no basta con descerrajar un tiro a bocajarro a un fulano, sino que luego hay que recrearse mostrando el orificio de entrada y salida de la bala, y la sangre chorreante tiñendo la barba y la tez del sujeto, el cual previamente ha sido apalizado…)

Sultanes, es otra película más de atracos (sin la chispa de Tarde de Perros o Plan Oculto). Un grupo integrado por cuatro personas; tres hombres y una atractiva mujer, liderado por Leonardo (el actor Jordi Mollá, el cual vemos de vez en cuando en coproducciones, rodando en el extranjero, pero que hace muchos años que no hace un papel de la relevancia y enjundia de La Buena estrella), se hace con el botín de un banco. El plan demuestra la astucia del cabecilla, ya que mientras toman rehenes y negocian con la policía, que les asedia fuera del banco, uno de los ladrones hace un agujero desde el exterior para acceder al banco por unas alcantarillas aledañas (recuerda a Un plan brillante), por donde luego huirán.

Luego, mientras la policía está negociando con ellos a través del celular, Leonardo y sus hombres están ya en un avión (unos viajando en primera y otros en segunda, donde sacan a la luz la mala relación que se traen, con la sombra de la desconfianza continua sobrevolando sobre ellos. La chica, que ahora está con el cabecilla, antes estuvo con el otro miembro, y ya se sabe que el rescoldo de la pasión es fácil de avivar; bastan unos magreos certeros en ciertas zonas), lejos de México, donde se ha cometido el atraco, rumbo a Argentina.

Una vez allí intercambiarán el botín, convirtiendo la moneda. En el intercambio que tiene lugar en la azotea de un aparcamiento tiene lugar una balacea y los atracadores se quedan a dos velas. Tanto Leonardo como, Carlos, otro de los atracadores se afanan en ir detrás de quienes les han birlado la plata.

Tiene lugar entonces la típica y alocada persecución, la cual no sólo resulta mareante, ya que al director parece temblarle el pulso moviendo la cámara en todas direcciones, provocando, creo yo, más el mareo del espectador que lograr transmitir algo de intensidad a la escena, que entiendo es su pretensión con un fogueo de planos, confundiendo el ritmo con la velocidad.

El caso es que Leonardo desaparece y sus compañeros de atraco, no saben si éste se la está jugando o bien si volverá con el dinero. Así que los tres, ya reagrupados esperarán frente al obelisco, emblema de la ciudad Bonaerense.

Como Leonardo no acaba de aparecer, el trío se dirige a ver al Tejano, el cual junto a un policía corrupto llamado Pablo, son los Reyes de la ciudad.

El tejano no es otro que el actor español, Celso Bugallo, el cual brilló en Mar adentro, pero que aquí en su rol de capo, pergeña una de las interpretaciones de un malvado, más deplorables que haya visto nunca. No acaba de cogerle el tono a su personaje, y estaría bien como una caricatura de una mafioso en alguna película tipo Disaster Movie, pero pretender que nos creamos algo de su personaje, oyéndolo hablar y moverse, provoca la risa o el llanto (producido por la risa tonta claro está).

El golpe de efecto vendrá al final, siendo esto su última baza (algo típico de este tipo de películas donde para demostrar la habilidad del guionista se hace un repaso postrero a los momentos cruciales de la película para que lo anterior tome algo de forma), ya que todo lo que antecede es un simplicio de secuencias sin el menor interés, por no hablar de su escasa verosimilitud. Me pregunto, cómo es posible que alguien tras recibir una somanta de palos, con patadas y puñetazos en todo el cuerpo, cuando a duras penas puede ponerse en pie, un minuto después, salga corriendo detrás de un tipo como alma que lleva el diablo, sin mostrar el menor menoscabo físico, por mucha sangre y arañazos que le pongan en el cuerpo.

En su tramo final, la balacea en el local del tejano, con todo Cristo pegando tiros, la cámara al ralentí y alternado el tiroteo con imágenes de una pista de baile donde unas mozas se besan apasionadamente, ese contraste, entre el extasis de la violencia y la vorágine del deseo, vienen tan a cuento como el resto de la historia y suponen un broche nefasto.

En fin, hacía mucho tiempo que no veía una película tan horrenda, no sólo porque sea violenta, esté mal hilada, peor interpretada y sea aburridísima (una sucesión de tópicos mil veces vistos y trillados hasta la saciedad), sino que encima al director, queriendo darle un tono desenfadado y Tarantiniano, le sale el tiro por la culata y le estalla en plena jeta.

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