De Dioses y hombres (Xavier Beauvois 2010)

De dioses y hombres portada películaPelícula: De dioses y hombres. Título original: Des hommes et des dieux.
Dirección: Xavier Beauvois.
País: Francia. Año: 2010.
Duración: 120 min. Género: Drama.
Interpretación: Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc), Jacques Herlin (Amédée), Philippe Laudenbach (Célestin), Xavier Maly (Michel), Loïc Pichon (Jean-Pierre), Olivier Rabourdin (Christophe), Jean-Marie Frin (Paul), Olivier Perrier (Bruno).
Guion: Xavier Beauvois y Etienne Comar.
Producción: Martine Cassinelli y Frantz Richard.
Fotografía: Caroline Champetier.
Montaje: Marie-Julie Maille.
Diseño de producción: Michel Barthelemy. Vestuario: Marielle Robaut.

De Dioses y hombres entra dentro de ese grupo de películas imprescindibles que es necesario ver se quiera o no. A priori el argumento no parece muy atrayente. Un grupo de monjes cistercienses viven en 1996 en Tibhirine (Argelia), integrados en la zona, conviviendo pacificamente con los musulmanes que los rodean, cuando debido a tensiones políticas, unos integristas, metralletas en ristre, merodearán por el lugar y siendo unos terroristas yihadistas y los otros religiosos católicos no hay que ser un lumbreras para imaginar cómo va a acabar todo aquello: como el Rosario de la Aurora.

La historia está basada en hechos reales.

Lo que más me ha fascinado es que siendo uno no creyente, una historia que tiene por protagonistas a unos religiosos me haya atraído tanto. El caso es que esos religiosos son personas volcadas y entregadas a los demás, ese tipo de personas que hacen el mundo mejor, empezando por los que viven en él. En momentos duros que quien te ayude o haga tu vida más fácil o menos dolorosa, lleve o no hábito es irrelevante. Así, este puñado de seres humanos de distintas etnias, creencias y religiones se mueven por códigos de respeto, tolerancia y solidaridad recíproca.

Los religiosos se interesarán por la cultura presente en el país que pisan, por conocer el Corán, por tender puentes entre las distintas culturas y religiones que tienen demasiadas cosas en común como para obviarlas.

Ese mensaje de paz, convivencia y fraternidad que flota en el aire, es el que impregna toda la película. El martirio al que los religiosos se ven abocados, voluntariamente, pues deciden todos ellos permanecer en el convento y que ocurra lo que Dios quiera, resulta desgarrador, pero sin sentimentalismos.

Cada uno trata de convercerse a sí mismo de que lo que hacen es lo correcto, que huir no es la solución, que morir es la última renuncia, pero todo lo anterior no quita para estos hombres que no son Dioses duden, recelen, lloren, se entristezcan y se aflijan y que sus caras sean un poema trágico cuando suene El Lago de los cisnes de Tchaikovsky..

Surgen un montón de preguntas por parte de los monjes acerca del valor o del sentido que tiene el martirio, y el sacrificio, para qué sirve entregar una vida sin luchar, sin oponer, y ese alma incendiada de dudas y temores tratará de ser sofocada a través de la razón teológica, tratando de dejar de lado esos afanes corpóreos para ser sólo espíritu, concepto, idea.

Muertes que serían tan límpidas y níveas como las vidas que les han precedido.

Los actores brillan todos a tal nivel que uno no tiene la sensación de ver a alguien actúar, sino visionar fragmentos del alma humana, puestos ante nuestros ojos para nuestro gozo y disfrute. La labor de los actores Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc) entra dentro de lo sublime.

Una película desgarradora, humanista y maravillosa.

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