Décimo episodio de la tercera temporada de la serie Perdidos, Tanaka ha muerto

Hurley y Charlie se juegan la vida para arrancar la furgoneta

En este décimo episodio el protagonista es Hurley. Lo vemos cuando era niño y su padre coge la moto y se da el piro. No se vuelven a reecontrar hasta 17 años después cuando a Hurley le ha tocado la lotería, atraído por el olor del dinero.
Hurley compra el establecimiento de pollo frito en el que trabajaba antes de tocarle la lotería y cuando se encuentra con la periodista Tricia Tanaka y un reportero en el local, cae un asteroide que los mata. Hurley cree estar maldito, consecuencia de esos números que supo en el psiquiátrico, y decide irse para Australia a deshacer la maldición.

En el tiempo presente, Hurley está a la orilla del mar, charlando con Charlie cuando el perro, Vincent, trae entre los dientes el brazo disecado de un muerto, que lleva en la mano una llave, con una pata de conejo.
Hurley descubre que esa llave es de una furgoneta que está en medio de la jungla, la cual ha volcado con un trabajador del proyecto Dharma en su interior.
Hurley se empeña en hacerla funcionar y consigue junto a Charlie hacer arrancar la furgoneta lanzándose cuesta abajo por una pendiente, jugándose ambos el pellejo.

Sawyer y Kate tras dejar la isla de los otros en la embarcación, llegan a la isla y son recibos cálidamente por sus compañeros de tripulación.

Al final capítulo vemos como Kate que quiere volver a buscar a Jack, se adentra en la jungla con una antorcha, le siguen Said y Locke, que quieren acompañarla. Oyen un disparo. Es la francesa. Kate quiere que les ayude, pues ésta conoce la isla. Kate le dice que ha visto a una joven de 16 años que la ayudó a escapar, que atiende al nombre de Alex y que puede ser su hija.

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