Desacuerdo perfecto crítica película

Desacuerdo perfecto cartel películaDirección y guión: Antoine de Caunes.
Título original: Désaccord parfait
Países: Francia, Reino Unido y Rumanía.
Año: 2006.
Duración: 92 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Jean Rochefort (Louis Ruinard), Charlotte Rampling (Alice d’Abanville), Isabelle Nanty (Rageaud), Ian Richardson (lord Evelyn Gaylord), Simon Kunz (Randall), James Thiérrée (Paul Gaylord), Raymond Bouchard (Gilbert Carrington), Yvon Back (productor), Charles Dance (maestro de ceremonias), Yves Jacques (Dr. Trudeau), Julie Du Page (Isabelle Carrington).
Producción: Pierre Kubel y Marie-Castille Mention-Schaar.
Música: Steve Nieve.
Fotografía: Pierre Aïm.
Montaje: Joële Van Effenterre.

Con la mención de esta película inauguramos la categoría de cine rumano, pues la película parece que ha sido coproducida por ese país. Desacuerdo perfecto es una loa al amor en las postrimerías de la existencia, ese cierre de círculo abierto al amor treinta años atrás, en los 70, que luego dio paso al distanciamiento y que ahora camino de la tumba, el destino da una oportunidad de cerrar.

La pareja en cuestión la integran un director de cine, Louis y su musa, la actriz Alice, los cuales tuvieron una aventura, que dio pie a unas cuantas películas con ella delante de la cámara y el detrás. Louis, que ha dejado el cine que le proporcionaba premios por el cine de consumo se traslada a Gran Bretaña a rodar su próxima película. Allí vive Alice casa con un Lord, viviendo en una majestuosa mansión. La llegada de Louis a territorio británico propicia el encuentro con su antiguo amor. El destino, y una buena interpretación por parte de Louis permite que este haga noche en casa de Alice.

La chispa salta de nuevo, el rescoldo de la pasión se agita y entre las briznas de besos apasionados resurge el león desmelenado demandando el tributo de la carne, aunque sea vía vaigra.

Juntar a actores de la talla de Jean Rochefort (Louis Ruinard), Charlotte Rampling (Alice d’Abanville) ofrece un buen resultado ya de por sí. Entre ellos hay química y eso se nota, si bien la comedia, a pesar de algunos golpes memorables como la cena con el empresario cacahuetero, resultaba bastante flojilla. El marido homosexual, el pedo perrorero y cosas similares buscan el chascarrillo pero no revisten la historia de humor puro y duro, ni británico ni francés.

Llevar a la gran pantalla la pasión de personas que superan los 60, Rampling 61 y Rochefort casi 80, es una novedad, plagado el cine de cuerpos danones de veinteañeras. Aún así, Rampling se despelota, ofreciéndonos un desnudo espléndido y si bien no tiene el morbo de la foto que le hizo Helmut Newton, está muy bien pasados los sesenta.

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