El diablo a todas horas (Antonio Campos)

Título original: The Devil All the Time
Año: 2020
Duración: 138 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Antonio Campos
Guion: Antonio Campos, Paulo Campos (Novela: Donald Roy Pollock)
Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Fotografía: Lol Crawley
Reparto: Tom Holland, Bill Skarsgård, Jason Clarke, Sebastian Stan, Robert Pattinson, Eliza Scanlen, Mia Wasikowska, Riley Keough, Haley Bennett, Mia Goth, Tracy Letts, Gregory Kelly, Gabriel Ebert, Emma Coulter, Harry Melling, Douglas Hodge, Lucy Faust, Drew Starkey, Kristin Griffith.

El diablo a todas horas, dirigida por Antonio Campos, me evoca las mejores novelas sureñas de Faulkner (Santuario), en el manejo de una violencia soterrada que explota a veces de manera imprevista, con la fuerza de un vendaval. La película está basada en la novela de Donald Roy Pollock del  mismo título. En un pueblo del interior de los Estados Unidos, por Ohio, sus habitantes viven marcados por la preponderante religión que mantiene a sus fieles todo el tiempo entregados a sus oraciones, luchando estos contra sus demonios internos, que son muchos. Un hombre vuelve del frente, traumatizado al ver colgado de una cruz a uno de sus mandos  al cual tuvo que ajusticiar con la intención de que así dejara de sufrir. Camino de casa conoce a una mesera de la que se enamora. Un amor correspondido que pocos meses después se saldará con el nacimiento de un niño, Arvin (Tom Holland), que pierde pronto a sus padres: ella de cáncer y él tras suicidarse. El crío se traslada a vivir con su abuela. En ese hogar vive una chiquilla de su edad, convertida en una hermana para él, huérfana ésta después de haber sido su madre asesinada a manos de su esposo, un predicador trastornado. No es el único, porque el nuevo predicador (con el rostro Robert Pattinson, resulta subyugante, sibilino, en su falta de comedimiento) también se las trae. Embauca a las jovencitas, las embelesa, las conmina a abrirse a Dios, y de piernas al predicador, y si la simiente trae embarazo, las repudia, las asusta y alguna encuentra magro consuelo en el tacto de una soga que muda letal.

Arvin al crecer ha de lidiar con sus impulsos violentos, una sed de justicia que solo se sacia con el uso de un arma. En la historia tenemos también a una pareja de perturbados que recogen en su coche a jóvenes que practican autostop para entre viandas y bebidas espiritosas, en bosques junto a lagos, abocarlos a una voluptuosidad, inflamada por la belleza y artes amatorios de la mujer, un último deseo, para ellos desconocido, antes de diñarla.

Vemos que todas las historias acaban confluyendo de manera irremediable. Acertado es el título, pues el mal, encarnado en el diablo parece estar presente a todas horas, en cada acción, envileciendo a las personas, cometiendo actos abyectos.
No obstante, a pesar de la religión enfermiza y viscosa en la que parecen quedar retenidos todos los presentes, parece haber una puerta abierta a la esperanza para nuestro joven.

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