El hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia)

El hoyo es una ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia que viene avalada con los premios obtenidos tanto en los festivales de Toronto como en Sitges.

La película resulta asfixiante al constreñirse a un espacio único, una particular cárcel vertical, con más de 200 plantas, a modo de celda, en la que conviven dos personas en cada una de las plantas y por cuyo centro va descendiendo una plataforma abarrotada de comida, que irá menguando en su descenso, de tal forma que los que viven en las plantas inferiores tienen todas las de perder.

Ante semejante trance, pugnan sentimientos tan humanos como la solidaridad, la empatía o simplemente el afán de supervivencia a cualquier precio. Parece una distopía pero es lo que sucede hoy en día, dónde todo va bien en tanto en cuando no nos tocan lo nuestro y entonces solo vale el sálvese el que pueda (gracias a las políticas migratorias), ante situaciones límite, como la que vive el protagonista de la película, que va a su celda acompañado del único objeto que le dejan llevar: un libro, el Quijote. El idealismo del protagonista consiste en no perder el juicio, mantener su dignidad a ultranza, no practicar canibalismo, alumbrar la esperanza en la persona de una niña.

No hay en la película un ánimo panfletario, pero muchas cosas de las que vemos se abren a múltiples reflexiones acerca de lo que somos, lo que hacemos y lo que seremos capaces de hacer en determinadas situaciones. ¿Qué pasará si el coronavirus colapsa el sistema sanitario, si los alimentos dejan de llegar a los supermercados? No escatima la película escenas muy violentas, gore, estomagantes.

La película funciona muy bien gracias a tres grandes actores: Iván Massagué, Antonia San Juan y Zorion Eguileor.

En resumen, El hoyo es una opera prima notable, que tensiona bien la violencia, enrarecida y enervante. Casi nada para un debut que me recuerda al de Tesis.

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