El libro de Eli (The book of Eli, 2009)

El libro de Eli cartel películaTítulo original: The book of Eli. Dirección: Albert Hughes y Allen Hughes. País: USA. Año: 2009. Duración: 120 min. Género: Acción, drama, ciencia-ficción. Interpretación: Denzel Washington (Eli), Mila Kunis (Solara), Gary Oldman (Carnegie), Michael Gambon (George), Jennifer Beals (Claudia), Ray Stevenson (Redridge), Frances de la Tour (Martha), Evan Jones (Martz), Joe Pingue (Hoyt), Tom Waits (ingeniero). Guión: Gary Whitta. Producción: Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Joel Silver, David Valdes y Denzel Washington. Música: Atticus Ross. Fotografía: Don Burgess. Montaje: Cindy Mollo. Diseño de producción: Gae Buckley. Vestuario: Sharen Davi

De entrada parece que nos encontrasemos ante un producto semejante a The Road. En este caso no vemos a un padre y su hijo deambulando por un paraje post-apocalíptico, en busca del mar y de otras presencias humanas, sino que aquí el protagonista es Eli, un hombretón de más de cincuenta años que lleva en su mochila un libro, una Biblia para más señas, codiciada por un mafioso local, que anhela ese libro para convertirse en el líder que aspira a ser, con la idea de que ese libro le permitirá controlar la mente de las almas y los cuerpos, habida cuenta de que en el momento presente sus recuros son limitados y su peporata intranscendente.

El ambiente en ambas producciones es parejo. Hace años, por lo que parece, hubo una guerra, un flash, y el sol que lo abrasó todo. De ahí que la gente tuvo que esconderse bajo tierra, para luego salir a la superficie y encontrarse un paraje desolado, con escasa agua, sin alimentos, donde los humanos que han sobrevivido se comen los unos a los otros, lo cual se percibe por los temblores de las manos.

En esas anda Eli (quien según nos cuenta lleva recorridos más kilómetros que Forrest Gump, dado que son 30 años los que lleva, On The Road, pateando el asfalto recalentado, siempre en continuo movimiento), a quien más de uno trata de arrebatarle sus pertenencias, y a quienes Eli despacha sin miramientos, ducho en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo y diestro en el manejo de un sable que filetea la carne humana con maestría, sin que le sirve de momento, dado que Eli prefiere pasar hambre o comer carne de gato que humana. Como es de esperar Eli y el cacique se verán las caras y el segundo querrá el libro de Eli, y su objetivo pasará por arrebatarle la Biblia de marras, y en eso se va casi toda la película.

El tema de la fe está presente, esbozada de alguna manera, porque Eli aspira a propalar la palabra de Cristo, si bien más allá de saberse el libro de cabo a rabo, no le vemos ejercer de predicador ni tratar de convencer a nadie, lo cual no impedirá que la joven Solara, quede prendada de las palabras que salen de la boca de Eli, palabras que hablan de superar las dificultades, del amor incondicional que Jesús tributa a sus criaturas, etc. Es la fe de Eli la que le anima a seguir, siempre para adelante, nunca para atrás, con una fortaleza inquebrantable.

Mad Max ha hecho mucho daño en todo lo referente al género apocalíptico pues les permite a los guionistas no comerse mucho el tarro, ya que la parafernalia apocalíptica está copiada (en este caso y en muchos otros) de dicha saga. Así vemos hombres y mujeres vestidos con cueros, roñosos, greñudos y mal afeitados, que se desplazan en tartanas cubiertas de acero, donde a falta de agua siempre hay alcohol de sobra con el que cocerse, abundante gasolina y munición para disparar a gusto a todo lo que se menea, en terrenos yermos, donde el sol abrasa, con puentes caídos y carreteras destrozadas, sin más horizonte que una visión mortecina, abrigadora de grises existencias.

Denzel Washington es ese tipo de actor que tira para adelante con lo que le echen y si aquí tampoco tiene ocasión para lucirse, habida cuenta de que el personaje no tiene mucho calado, reducida su existencia a llevar la Biblia al oeste, siguiendo la voz interior que le conminó en su día a ello, al menos su presencia no espanta al espectador y sin estridencias y a mamporro limpio, regando el camino de cadáveres, ayudado por Solara lo contemplamos con complacencia ir en pos de su misión vital.

Mila Kunis es SolaraLa escenografía y fotografía es también similar a The Road, cuando perfectamente se podía haber optado por algo más luminoso como en la película Carriers (donde el apocalipsis o una pandemia global y devastadora, no debe conllevar necesariamente un paisaje sucio, gris, yermo, que parece que es el que prefieren los guionistas en su mayoría cuando abordan estos temas).

Sus dos horas de duración son eternas, «demasiada agua para un barco de papel». Media hora menos le hubieran dado al producto mucho más brío y concisión. La figura final de Malcom McDowell (con la voz de Rambo) nos hace casi preferir el apocalipsis y el abrigo de las carreteras.

Constatar que Mila Kunis, como Solara es una presencia a tener en cuenta en nuestra nómina de bellezas en el cine, que junto a su madre (la actriz Jennifer Beals, sí amigos la de Flahsdance) aportan algo de oxígeno en ese ambiente enrarecido, decrépito, asfixiante, donde Gary Oldman da un recital de muecas de toda clase, lejos de la contención que mostró en Bosque de sombras, desatado en un alarde de expresión corporal, pergeñando un malo malísimo que recibirá de su propia medicina.

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