La horda (Yannick Dahan Benjamin Rocher 2009)

La horda cartel peliculaDirección: Yannick Dahan y Benjamin Rocher.
País: Francia.
Año: 2009.
Duración: 97 min.
Género: Terror.
Interpretación: Claude Perron, Jean-Pierre Martins, Eriq Ebouaney, Aurélien Recoing, Yves Pignot. Guión: Arnaud Bordas, Yannick Dahan, Stéphane Moassakis, Nicolas Peutafaillit y Benjamin Rocher. Producción: Raphaël Rocher.
Música: Christopher Lennertz.
Fotografía: Julien Meurice.
Montaje: Dimitri Amar.
Diseño de producción: Jérémie Streliski.
Vestuario: Priscilla Van Sprengel.

El cuerpo de un hombre aparece tirado en una cuneta, asesinado, con las manos atadas en la espalda. Sobre la loma, un hombre mira el cadáver de su amigo con los ojos arrasados reconcomido en su fuero interno por la sed de venganza. Resulta que el asesinado es un poli, y cuatro de sus compañeros, deciden vengar su muerte, dado que ellos son una «hermandad». Tras apalizar a un hombre, logran conocer el paradero de los que mataron a su amigo, que residen en un bloque en la periferia y deciden hacerles una visita y no de cortesía.

Allí irán los cuatro en misión especial y secreta. El tiro les sale por la culata, o más bien les estalla en plena jeta pues no tardan mucho en perder un efectivo y el éxito de su misión pende de un hilo.

Hasta ahí algo convencional: el deseo de venganza es tan propio de la naturaleza humana como la bondad, los celos, la alegría o la tristeza. Lo que deja de ser convencional es cuando de repente se oyen unos ruidos salvajes, monstruosos. Lo que se avecina no son los refuerzos de los polis, que no hay, sino Zoombies. Como es clásico en el género, los zoombies, no sé porque motivo, siempre se mueven frenéticos hacia todas las partes, retorciéndose como si tuvieran dolor de tripas, arman mucho jaleo, siempre tienen sed de sangre y hambre de carne humana, no les afectan las balas y mueren cuando les arrancan o revientan la cabeza, en resumen, la retahíla de tópicos zoombicos que hemos visto cienes de veces.

Ante la inopinada presencia de los zoombies, los policías y los cacos dejan de lado sus rencillas, y llegan a la conclusión de que tiene más posibilidades de éxito si están juntos que si actúan por su cuenta. Así que se juntan los tres polis y los tres cacos y deciden buscar una salida al edificio en cuyas inmediaciones pululan los zoombies.

La película es bruta a más no poder. La sangre impregna cada resquicio del inmueble; paredes, techos, barandillas, ventanas, pomos, etc, la barbarie enajena a los protagonistas y su belicosidad corre próxima al paroxismo. En ese bacanal de sangre, surge un personaje que es lo mejor del film, un abuelete que hacha en mano les va dando para el pelo a los zoombies. Tras haber combatido en Vietnam, tiene ahora la ocasión de recordar esos «Glory Days», que diría El Boss, y desempolvar todo un arsenal a la espera de ser empleado en una gran ocasión como la presente.

De las motivaciones de los personajes no sabremos mucho porque los tiros no van por ahí, sino que van destinados a hacer picadillo a los zoombies. El ritmo de la película es frenético, no hay tregua, lo brutal y lo gore se dan la mano en un orgía de sangre y violencia explícita que lejos de repeler engancha, aunque esto depende de gustos.

El cine francés sigue ofreciendo interesantes producciones de terror: Haute Tension o Vertige son dos ejemplos.

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