Noche de fuego (Tatiana Huezo)

Noche de fuego de la directora salvadoreña (nacionalizada mejicana) Tatiana Huezo es una espléndida película mejicana que opta a mejor película de habla no inglesa en la gala de los Oscar de 2022. Está disponible en el catálogo de Netflix y es una de esas joyas que es necesario visionar.

Tatiana trasciende el documental para abordar su historia desde la ficción, la cual no obstante deviene de una verosimilitud aplastante.En un pequeño pueblo en la montaña (la película se rodó en la comunidad de Neblinas del municipio de Landa de Matamoros, al norte de Ciudad de Méjico), bendecido por la exuberante vegetación, las aguas prístinas de los ríos, la ausencia de contaminación, hay algo que mancilla y hace trizas la existencia de los vecinos: el narcotráfico.

En la primera secuencia de la película oímos jadeos fuera de plano. Luego vemos que una madre y su hija rascan la tierra con las manos, en una piecita aneja a la casa, para hacer un agujero, capaz de albergar un cuerpo. Desde ese momento hay una amenaza latente: la violencia que se ejerce sobre los vecinos del pueblo y en concreto sobre las mujeres, que cuando llegan a la adolescencia, cuando les baja la regla, son secuestradas de los hogares por los narcotraficantes, para quienes las vidas ajenas no valen nada y solo manejan el lenguaje -de pensamiento único-, de las balas, la extorsión y la violencia.

Tatiana cuenta con actrices muy jóvenes, sin experiencia, como Ana Cristina Ordoñez, Mayra Batalla, Olivia Lagunas, Alejandra Camacho y Mayra Membreño, elenco que resulta todo un acierto, dado que sus interpretaciones son muy naturales y creíbles. Sus miradas infantiles y luego adolescentes son capaces de expresar a la perfección su mundo interior; la alegría entre juegos y chanzas, el miedo cuando van a por ellas, y se sienten acosadas, víctimas de un monstruo de mil ojos y manos capaz de devorarlas y ultimarlas sin darles la menor oportunidad.

Ante esta situación solo hay dos opciones, resistir y morir en cualquier momento o huir. Así, el narcotráfico centrifuga el paisanaje, vacía el territorio (los hombres se han ido a trabar fuera y apenas quedan mujeres, a cuyas hijas les cortan el caballo para que tengan la apariencia de los varones, ocultando así su feminidad, trabajando en los campos de amapolas o en la cantera local), impide que la gente pueda afianzarse en el terruño, recibir una educación, ya que los docentes no quieren acudir a aquellos lugares remotos en los que su vida (valioso por la impagable y vocacional tarea que realizan) no vale nada.

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