Parásitos (Bong Joon Ho)

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Empezemos con Cervantes: «Sábete Sancho que no es un hombre más que otro sino  hace mas que otro«.

Bong Joon Ho, padre de obras como The host (que reseñamos en su momento), ha dirigido Parásitos, la película de moda, la película surcoreana que se llevó el Óscar a la mejor película en la última edición.

La cita de Cervantes es oportuna, porque aquí se ve muy a las claras que el estatus social no viene dado porque unos hagan más que los otros, curren más, sean más competentes, más inteligentes, más pícaros.

Sin subrayados ni discursos grandilocuentes el director se las apaña para mostrar de una manera muy sutil el abismo que media entre las distintas clases sociales. La clase alta vive en su casa de diseño, con grandes espacios, un tapiz verde con forma de césped, vistas a través de un ventanal a unos árboles que parecen un bosque en miniatura, con una ama de llaves que se encarga de cualquier pormenor doméstico, etc. El hombre de la casa curra, es un ejecutivo, su mujer se dedica al dolce far niente. Los hijos de la pareja se dedican a crecer en su burbuja de terciopelo. Por otra parte en un barrio en donde los cables de la luz crean una telaraña bastante visible, vive otra familia de cuatro miembros: un matrimonio y dos hijos. Todos ellos sin empleo, viviendo como pueden en un subsuelo. Avivando el seso la segunda familia, consigue que dos rectas paralelas converjan. La cosa pinta bien. El ingenio tiene su recompensa. Pero no es esta una película de finales felices. Lo placentero se torna macabro, infausto. La comedia en drama. Las desgracias nunca vienen solas y se suceden como una bola de nieve, en cascada. La atmósfera resulta entonces hostil y el desasosiego pasa a ser el patrimonio común de esta panda de desgraciados.

Quedan en la retina del espectador un buen puñado de escenas impactantes, una crítica demoledora hacia un capitalismo que saca las zarpas y arruga la nariz ante el olor a humanidad (esa gran desconocida), ajena.

Qué me dicen de la mirada del chófer (anida ahí una tensión crepitante) mientras escucha a la mujer hablar por el móvil acerca de lo bien que viene la lluvia para limpiar el aire de la ciudad.

Que le arrecien a Parásitos tanto premios como le caigan. Será un maná merecido.

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