Sólo un beso crítica película

Solo un beso cartel películaDirección: Ken Loach.
Países: Reino Unido, Italia, Alemania y España.
Año: 2004.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Interpretación: Atta Yakub (Casim Khan), Eva Birthistle (Roisin Hanlon), Ahmed Riaz (Tariq Khan), Shamshad Akhatar (Sadia), Shabana Bakhsh (Tahara), Ghizala Avan (Rukhsana), Gary Lewis (Danny), David McKay (Wee Roddie), Raymond Mearns (Big Roddie).
Guión: Paul Laverty.
Producción: Rebecca O’Brien.
Música: George Fenton.
Fotografía: Barry Ackroyd.
Montaje: Jonathan Morris.
Dirección artística: Martin Johnson.
Vestuario: Carole K. Millar

El amor no entiende de plazos, límites, ni religiones. La pasión desbordada y el sexo vivificador no conocen más fronteras que las impuestas por el colchón o por las paredes de una pensión. Nadie sabe cuando se acabará el amor, si la legislación nos deja una puerta abierta (el divorcio express es una buena muestra de ello), así que la afirmación «te amaré siempre», es una sentencia que entra dentro del terreno de la fe, de las arenas movidizas de lo ignoto e incierto.

Kean Loach deja de hurgar en las heridas abiertas en la sociedad actual de sus anteriores trabajos; Ladybird Ladybird, Sweet Sixteen o Lloviendo piedras, para abordar una historia de amor interracial. Las sombras del medievo han sido disipadas con luces de neón, pero a pesar de ello las religiones, lejos de hermanar siguen marcando el desencuentro entre las razas. El peso de las creencias religiosas, musulmanas o cristianas imponen las normas de comportamiento en todos los ámbitos.
El joven Casim, pakistaní residente junto a su padres y sus dos hermanas en Escocia, siente la llamada del amor cuando conoce a Roisin, profesora de música de su hermana Tahara. El flechazo es mutuo, pero la resaca del sexo primerizo vacacional por tierras españolas y el deseo colmado, da paso a la cruda realidad, a los primeros miedos, inquietudes, discrepancias, desencuentros, reproches y portazos.

Casi busca el amorCasim tiene una boda acordada con una prima suya pakistaní dentro de dos meses, que no ha desvelado a su amante. Una boda no deseada pero que forma parte del modo de proceder en su familia y ha de librar entonces una batalla interior entre lo que quiere y debe hacer si desea mantener el trato con su familia y no perderla. Debe tener claro si está dispuesto a tomar las riendas de su vida, actuando por su propia cuenta, sin miedo al que dirán, desafiando la tradición, encrespando a sus progenitores y a la comunidad, como hace Tahara su hermana más joven, dispuesta a dejar su ciudad e irse a estudiar fuera, a Edimburgo, la carrera que desea, periodismo y no la que le imponen, medicina.

La historia de amor parece que avanza, pero como las huellas sobre la arena que lamen las olas, desaparecen y no sabemos en qué punto lo han dejado. Así como un soldado indeciso, su amor avanza y se repliega, saca brillo al sable, pero se amilana a la hora de ejecutar. No hay certezas en el océano amoroso, todo pende de un hilo, que a veces como la tela de araña es capaz de soportar más de lo que a simple vista ofrece su aparente fragilidad.

Roisin lo tiene más fácil. No renuncia a nada por estar con Casim, como éste le echa en cara. No hay enconos familiares, pero una vez que en el colegio católico donde da clase la quieren hacer fija, el certificado de idoneidad que ha de firmar su párroco le conlleva unos problemas no previstos. Puede parecer injusta, intolerante y nada racional la posición del párroco, tanto como la actitud de los padres de Caisim, pero ahí está el gran acierto de la película; en todos los lugares cuecen habas, si bien siempre pensamos que las otras religiones son las excluyentes, las restrictivas, e intolerantes, cuando un análisis serio de las propias, el cristianismo por ejemplo podría llevarnos a conclusiones indeseadas.
El párroco no cree que Roisim siga la religión que dice profesar al pie de la letra. Aún sigue casada con su anterior marido, no va a misa y nada hace por su comunidad, sin tener en cuenta sus devaneos sexuales con un musulmán, así que su padre espiritual no cree que deba firmarle nada y de hecho no lo hace, para perjuicio de ella. Aquí muchos curas deberían hacer lo mismo cuando muchas parejas que no han ido nunca a misa y pasan de la religión olímpicamente a la hora de casarse hacen los cursillos prematrimoniales y ponen su mejor sonrisa para que el cura de turno los case por la iglesia. Si fueran más observantes con las obligaciones de los peticionarios, no habría tanta permisividad y muchos no tendrían más remedio que casarse en un Ayuntamiento, pero el paripé es alimentado por unos y por otros. Lo mismo vale para los bautizos y comuniones.

Eva Birthistle es RoisinBrillan con luz propia los actores protagonistas y en especial la actriz Eva BirthIstle que consigue emocionar con su trabajo y sensibilidad. El guionista Paul Laverty no cae en el falso maniqueísmo al que tienden muchos cuando abordan el problema racial. Muestra gran respeto por todas las etnias, demostrando que no hay verdades absolutas, que a pesar de los barrotes que imponen la tradición, la familia o la religión, el amor es una lima tan potente que permite soñar con el paraíso, que no es otro que la libertad de pensar, decidir y amar a quien queremos, que los cambios son posibles y que en todo caso podremos equivocarnos de lo que hicimos en lugar de estar lamentándonos de aquello que pudo ser y no fue.
La declaración de amor del final se convierte en un poema visual humedecedor de pupilas y esponjador de corazones. Hemos de agradecer a Loach esta gratificante película, de un director siempre al tanto del mundo que le ha tocado vivir, dejando por esta vez y sin que sirva de precedente, abierta la puerta a la esperanza.

Ken Loach | Sweet sixteen | El viento que agita la cebada

Paul Laverty | Cargo | El guionista social

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