Sweet sixteen (Felices dieciséis) crítica película

Dirección Ken Loach
Intérpretes Martin Compston (Liam)
Annmarie Fulton (Chantelle)
William Ruane (Pinball)
Michelle Coulter (Jean)
Gary McCormack (Stan)
Guión Paul Laverty
Fotografía Barry Ackroyd
Música George Fenton
Montaje Jonathan Morris
Año 2002
Nacionalidad Reino Unido-Alemania-España

Ken Loach huye de las puestas en escena espectaculares, y se deja llevar por la esencia de sus guiones, obra de Paul Laverty, (en este caso el guión es obra de los dos) que como en este caso, destilan ternura, afecto, violencia, desesperanza, optimismo, dándonos una de cal y una de arena. La acción transcurre en un pueblo de Escocia, donde vemos la vida y milagros de Liam (interpretado magistralmente por el actor no profesional Martin Compston) el cual tiene a su madre; Jean, en la cárcel, por culpa del hombre que está con ella, Stan, que trapichea con las drogas.
Liam rompe con su padastro y se va a vivir junto a su joven hermana Chantelle que ya es mamá. Tratándose de Loach, presumimos y luego confirmamos que los jóvenes que aparecen en la cinta, en especial los protagonistas juveniles, cargan su propia cruz a cuestas, criados en familias destrozadas, por las drogas, por el alcoholismo, o problemas similares.
Estos jóvenes no dilapidan su tiempo delante de un monitor jugando a la consola, en cuartos repletos de juguetes y dvs abarrotando las estanterías, yendo de botellón los fines de semana y jugueteando con las drogas demostrando a lo demás lo hombres que son o alardeando de sus móviles de última tecnología.
Lo que Loach muestra es la cara menos agradable y desfavorecida de la sociedad del bienestar, la de la juventud que sufre los problemas en que les meten sus padres, y con sus destinos prefijados de antemano.

Liam tiene solo una idea en su cabeza que lo reconcome, alejar a su madre, cuando ésta salga de la cárcel, de su pareja, y para ello estará dispuesto a hacer cualquier cosa, llegando a intimar con el mafioso local. La encomiable misión que Loach se ha propuesto y que en mi opinión va logrando con cada proyecto que hace (LadyBird LadyBird, Lloviendo Piedras, Riff-Raff, Agenda Oculta, por citar algunas de sus veinte películas), es proponer temas, espinosos pero reales. Lo suyo no es el cine de evasión, el de las salas abarrotadas de gente partiéndose el eje pepinar, no, lo suyo es otra cosa, por eso en sus películas hay conflictos internos, violencia de rostros iracundos, miedo de carne temblorosa, madres alcohólicas, padres maltratadores, jóvenes a la deriva, gente sin recursos para los que llegar a fin de mes o la busqueda de un empleo estable, es una odisea, madres adolescentes que deben salir adelante ellas solas.
Estas son las personas a las que Loach retrata y de las cuales nos entrega un trozo de sus vidas, para confirmar lo que ya sabemos, que la vida no es color de rosa, y que los momentos felices, al igual que los arcoiris, son preciosos, pero se tratan de espejismos que se nos escurren sin remisión como la arena entre los dedos. Esta película deja para la posteridad escenas como cuando Chantelle cura las heridas de su hermano, las grabaciones de Liam a su madre, y esa lucha denodada de Liam por echar hacia adelante, de pelear a la contra, con la esperanza de que su madre cambie y no vuelva a las andadas.

El título de la película, felices deiciséis, en referencia a los 16 años que va a cumplir Liam es de un sarcasmo demoledor.

Felicies deiciséis Página oficial | IMDB | Entrevista a Paul Laverty (Guionista de Ken Loach)

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