Crítica de Historia de un Matrimonio (Netflix 2019)

Hace unos días hablamos de las nominaciones a Los Globos de oro, en los que Netflix con sus producciones propias era la que más premios copaba tanto en Cine como en Televsión.

Podía parecer a priori algo sorprendente, pero después de ver esta película, la más nominada de esta edición, no nos cabe ninguna duda de que están haciendo las cosas bien. Esta y El Irlandés, que aún no hemos visto, pero no tardaremos, dan una buena idea de que eligiendo buenos profesionales, haciendo las cosas bien, se puede dejar la lado las grandes productoras y realizar grandes producciones fuera de ellas.

Arrancando ya con Historia de un Matrimonio, hay que decir que es una película sencilla, basada en las interpretaciones y en dejar que los actores y actrices, delante de la cámara, nos cuenten como son y cual es su historia. No hace falta mucho más.

La historia se desarrolla a caballo entre California, donde manda el cine y la televisión, y Nueva York, donde han de estar los que quieren triunfar en el teatro. Esta guerra de artes es el leit motive de la historia de un matrimonio, él director teatral de gran éxito y ella actriz prometedora en cine, consagrada en teatro y con posibilidades en la televisión.

Otra de las luchas que se ven en la película, es la guerra de sexos. Los tópicos entre hombres y mujeres en cuanto al trabajo, a los hijos, a las responsabilidades, que no lo son tanto, son más realistas que tópicos, se enfrentan en cada escena de la película.

Historia de un matrimonio

Eso y la ruptura del matrimonio por diferentes motivos, en apariencia mínimos pero de raíces profundas, hará que la historia de esta pareja, buenas personas en profundidad saquen partes de si mismos que no quieren y se tiren los trastos por momentos. Esas pequeñas variables, condicionadas por las circunstancias, pueden llegar a tener mucha carga en la ecuación.

Y lo de buenas personas, es curioso, porque lo son, todos los amigos, conocidos, compañeros de trabajo, se lo dicen constantemente. Los únicos que se dicen que son malas personas son el uno al otro en algún momento de discusión. Y se arrepienten de hacerlo, y ambos saben, por la confianza de tantos años de matrimonio que no lo piensan así.

Y una conclusión que hay que sacar tras ver esta película es: no pongas un abogado en tu vida. Porque no quiero contar nada que no deba y hacer spoilers, pero los abogados se las traen. Se ve el conflicto personal que tienen ellos, que se ven como personas y quieres acabar con la situación de la mejor manera posible y la de los abogados, que a pesar de acercamientos en apariencia personales, como la que sucede al final de la película, solo piensan en clientes y en GANAR.

El comienzo de la película es realmente excelente, con la lista de cosas buenas que cada uno aún tiene claras del otro. Al final volveremos a la lista, cerrando el círculo, de forma magistral. Creo que cuando empiezas una relación, sentimental principalmente, pero también de amistad, las cosas buenas en las que coincides con la otra persona es lo primero en lo que nos fijamos y lo que tenemos en cuenta. Y suelen ser muchas cosas.

Cuando algo se resquebraja, las cosas cambian, y es en las diferencias en lo que no podemos dejar de fiarnos. Gila tenía algunos chistes al respecto muy buenos, pero esa es otra historia.

Si en malos momentos volviésemos a las cosas buenas en común, seguro que salir a flote de nuevo sería más fácil.

Creo que me he metido mucho en la historia de la película y en la psicología de los personajes, pero es lo más destacado. Es una película para dejarse llevar y disfrutarla, con calma y con tranquilidad, no intentar analizar a los personajes, porque ellos solos y los que los rodean lo van a hacer por nosotros, y los veremos pasar por rabia, confusión, se dejarán llevar, lucharán…

No he dicho nada aún del reparto. Interpretando a la mujer de este matrimonio está Scarlett Johansson, particularmente atractiva en algunos momentos, no tanto en otros, lo que denota que no solo de palabras vive la película, y no tan exuberante como lo ha sido otras veces. Aparte de atractivo, es una pedazo de actriz, no hace falta decirlo a estas alturas, porque ya lo comprobamos desde sus primeras obras adultas, pero últimante películas como Ghost in the Shell o las de Vengadores, la hacían un poco más superflua. Creo que es de esas actrices que sabe elegir entre las de calidad y las palomiteras y elige bien alternando ambas, pero cuando alguna falla, es un peligro.

El marido de este matrimonio es Adam Driver, a quien por el contrario no sigo y no creo haber visto en ninguna película o al menos haberme fijado en él, a pesar de ser extensa y de incluir Star Wars. Hace una excelente interpretación, de artista alternativo enamorado a partes iguales de su mujer y de su trabajo, aunque de su mujer posiblemente lo esté por ser también su musa.

Con quien igual no os hayáis quedado con el nombre, pero sí desde hace años con sus caras, son con los veteranos Wallace Shawn (de La Princesa Prometida) y Julie Hagerty (aterriza como Puedas).

Entre los secundarios rostros muy conocidos: un Ray Liotta que ha cogido los kilos que ha dejado Laura Dern, ambos haciendo de abogados, como un avejentado Alan Alda en un papelito más pequeño también de abogado.

Laura Dern ha sido nominada a los Globos de oro, aunque no el director, Noah Baumbach que puede que se lleve el premio al Mejor Guión, como consolación. Ha sido una de las ausencias más destacadas de los premios.

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