Después de la boda crítica película

Después de la boda cartel películaDirección: Susanne Bier.
País: Dinamarca.
Año: 2006.
Duración: 122 min.
Género: Drama.
Interpretación: Mads Mikkelsen (Jacob), Rolf Lassgård (Jørgen), Sidse Babett Knudsen (Helene), Stine Fischer Christensen (Anna), Christian Tafdrup (Chistian), Frederik Gullits Ernst (Martin), Kristian Gullits Ernst (Morten), Ida Dwinger (Annette), Mona Malm (abuela), Neel Ronholt (Mille).
Guión: Anders Thomas Jensen; basado en un argumento de Susanne Bier y Anders Thomas Jensen.
Producción: Sisse Graum Jørgensen.
Música: Johan Söderqvist.
Fotografía: Morten Søborg.
Montaje: Pernille Bech Christensen y Morten Højbjerg.
Dirección artística: Søren Skjaer.
Vestuario: Manon Rasmussen.

Tras ver Hermanos de Susanne Bier miré a ver que otras películas de la directora podía ver y cayó en mis manos Después de la boda, nominada a los Oscar 2007 como mejor película de habla no inglesa, Oscar que se llevaría la excelente La vida de los otros. Después de la boda, es igual o mejor que la película alemana, pero el hecho de no llevarse el Oscar no le ha dado a esta película danesa la repercusión mediática cuyos valores artísticos la harían merecedora.

El estilo de Bier se mantiene, repite al igual que en “Hermanos” planos que se fijan en los rostros, en especial en los ojos. La cámara trata así de ahondar más en los personajes en momentos determinados ya sean de tristeza o de algarabía.

Jacob trabaja como cooperante en la India con niños huérfanos. La falta de financiación hace que no pueda llevar a cabo sus propósitos y el orfanato en el que trabajo está a un paso de cerrar.

Recibe un día una llamada de un danés que está dispuesto a ofrecerle una elevada suma si se traslada a Dinamarca a hablar con él y mostrarle su proyecto. Jacob acude a la cita y así conoce a Jorgen, un multimillonario que tras visionar el vídeo de Jacob le invita a la boda su hija que será al día siguiente. Jacob no tiene nada mejor que hacer y acepta.

Allí se reencuentra con un antiguo amor, Helene, que acabó dejándolo por la afición de Jacob por la bebida y los cuerpos femeninos ajenos. La tirantez es palpable. Cuando finalmente acaba la ceremonia y Jacob echa cuentas, no le cuesta llegar a la conclusión que la hija de Helene, Anne, es suya, toda vez que la hija durante el banquete nupcial agradece a Jacob todo lo que ha hecho por ella estos años y al cual sin ser su padre natural considera como tal.

Lo que viene después hay que verlo. Bier corría el riesgo de que la película fuera un panfleto sensacionalista, donde toda la fuerza se fuera por la vía lacrimógena. Esto no sucede. Bier tensa el arco, dramatiza las situaciones hasta el cénit, pero luego mediante un acertado uso de las elipsis nosotros hemos de añadir las piezas que faltan.

A los resultados obtenidos contribuyen unos actores estupendos. Todos y cada uno de ellos aportan lo suyo y en especial quien da vida a Jorgen está extraordinario sin que el resto desmerezcan lo más mínimo.

Los problemas familiares, las viejas rencillas, los rencores acumulados, la posibilidad de enmienda, el trance de una enfermedad, hará que las posturas se suavicen, se acerquen, se busquen y se encuentren.

Jacob sabe que en la India hace mucho bien, pero como le echa en cara Jorgen cuando le pide ayuda, a veces cuesta ayudar al que está cerca, porque los prejuicios se anteponen a la bondad. “¿me ayudarías si fuera uno de tus niños?”. Jacob se fue, porque creía que lejos llenaría su vacío existencial y ahora que tiene una hija y una amiga, la necesidad de huir ya no es tal, ya no tiene porque seguir huyendo de sí mismo.

Hay muchos detalles sobre los que se podría hablar largo y tendido pero no creo que sea el objeto de un crítica de cine. A mí me ha emocionado totalmente. El estilo directo de la directora, esa cámara que se mueve como pez en el agua, buscando encuadres siguiendo a los personajes, no resulta mareante para nada, sino que hace la historia aún más adictiva.
“Después de la boda es un mazazo”, una patada en la entrepierna, de esas que te hacen tragar saliva y limpiarte las lágrimas, pero no hay golpes de efecto, ni truquitos, ni finales reveladores, sino simple y llanamente seres humanos solucionando sus problemas (y qué problemas) plantando cara a la muerte, vencidos en el dolor y la desesperación. “No quiero morir”, dice uno de los protagonistas. Nadie quiere.

Al igual que en Mi vida sin mí, otra película extraordinaria, esta película mantiene similitudes con aquella, en el tema de tratar de dejar las cosas atadas en el más allá. No solo vía testamento sino en el plano de las relaciones humanas y afectivas, lo cual aún es más hermoso como difícil.

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