Guarra en el buen sentido (Sophie Lorain)

Dirección: Sophie Lorain. Elenco: Marguerite Bouchard, Romane Denis, Rose Adam, Alex Godbout, Marylou Belugou y Vassili Schneider. Guion: Catherine Léger. Música: Dazmo, Sari Dijani, Pierre-Luc Rioux, Marc-André Sauvageau y Rudy Toussaint. Fotografía: Alexis Durand-Brault. Edición: Louis-Philippe Rathe. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 89 minutos.

Guarra en el buen sentido es una película canadiense de 2018 dirigida por la actriz Sophie Lorain que supone su segunda incursión en el mundo de largometraje. No deja de sorprenderme cómo el título francés Charlotte a du fun, se traduce al castellano como Guarra en el buen sentido. ¿Cuál es el buen sentido de la palabra guarra?.

La película me recuerda a aquellas que transcurren por ejemplo en un parque de atracciones, en donde los jóvenes que allí trabajan hacen una relación especial creando su propio universo, trascendiendo lo laboral. El recinto de trabajo aquí viene a ser una especie de Brico Depôt. Tres amigas de 18-19 años consiguen un trabajo en el mismo para tres meses. Una de ellas, Charlotte, (interpretada por Marguerite Bouchard) acaba de dejar una relación al descubrir que él es homosexual y que aquello no funciona. La plantilla está formada al 50 % por chicos y chicas. Charlotte vive su sexualidad con normalidad, para ella el sexo es una liberación, momentos de placer a los que no se plantea renunciar. En el trabajo no le faltan pretendientes y en pocas semanas ella se ha acostado con todos los chicos que allí trabajan. Y es vox populi. A pesar de que hablamos de Canadá, del siglo XXI, del año 2018, de que son jóvenes, la sexualidad de Charlotte sigue siendo puesta bajo lupa, para ser objeto de reproches, censuras, reprobaciones. Por la parte masculina su liberalidad sexual le supone ser una chica fácil y por parte de las chicas, incluso de sus propias amigas, cuando éstas se sientan despechadas la tildarán de ser una guarra en el peor sentido. Al arreglar sus problemas no será ya una guarra en el peor sentido sino en el buen sentido, pero guarra en definitiva, y como la propia palabra indica guarra va asociada a algo sucio.

Sobre estos temas tan cotidianos, tan naturales, pero tan poco abordados como es la sexualidad en la adolescencia, la directora pone el acento y hace una película incisiva reflexionando (el guion es obra de Catherine Léger) con inteligencia y sagacidad sobre todas estas cuestiones, y para ello lo que ofrece son diálogos entre jóvenes -si nos fijamos no aparece ni un solo adulto (excepto los clientes que van a comprar) en toda la película- que tratan de fijar sus propias reglas de comportamiento, de cómo relacionarse afectiva y sexualmente, llegando ellas incluso a optar temporalmente por la abstinencia (como en la Lisístrata de Aristófanes), a fin de que ellos tomen conciencia de su forma de actuar y de abordarlas, de juzgarlas. Se problematizan igualmente otras situaciones, como la de una empleada embarazada al que su pareja promete que va a estar ahí y cuando ya el embarazo no puede revocarse por la vía del aborto, entonces la deja tirada.

La tardoadolescencia en definitiva es un tiempo de carencia, de descubrimientos, un ir explorando tus propios límites tanto afectivos como sexuales, para ir conformando tu personalidad, tu propio yo, una identidad no obstante constreñida por el determinismo social, por una serie de reglas que a pesar de pensar que no están ahí, siguen juzgando, censurando, y esa tensión entre el yo de Charlotte para hacer lo que le place y las consecuencias que su proceder le deparan la sitúan en el vestíbulo de la vida adulta.

A pesar de estar rodada en blanco y negro la película (la he visto en Filmin) resulta muy luminosa, vívida, alegre, quizás porque los atributos que caracterizan a la juventud son la alegría, la energía, la despreocupación, la levedad.

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