La torre de Suso crítica película

La torre de Suso cartel películaDirección y guión: Tom Fernández.
País: España.
Año: 2007.
Duración: 100 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Javier Cámara (Cundo), Gonzalo de Castro (Fernando), César Vea (Mote), José Luis Alcobendas (Pablo), Malena Alterio (Marta), Mariana Cordero (Mercedes), Fanny Gautier (Rosa), Emilio Gutiérrez Caba (Tino).
Producción: Jaume Roures.
Música: José Manuel y Javier Tejedor.
Fotografía: Carlos Suárez.
Montaje: Ángel Hernández-Zoido.
Dirección artística: Soledad Seseña.
Vestuario: María Reyes.

Cundo, Mote, Pablo y Fernando son amigos desde la infancia. Anduvieron metidos en drogas, pero salvaron el pellejo y ahora curran uno de profesor, Fernando, Mote de oficial, Pablo cuidando vacas y Cundo se piró a Argentina. Un amigo común, Suso, ha muerto de sobredosis y Cundo regresa a su hogar, en la cuenca minera para acudir al funeral. Es manido el reencuentro entre gente que lleva años o décadas sin verse (Los amigos de Peter, Remake..) y a menudo un funeral o una boda sirve para el reencuentro, para poner sobre la mesa recuerdos que no siempre son gratos.

Cundo regresa a su casa, donde sus padres van cada un por un lado. La madre sufridora en casa, hace las labores invisible a los ojos de su marido el cual despacha los días en el bar bebiendo sidra.Cuando dice haber cambiando, no ser el tarambana de antes, pero su madre y sus amigos se lo toman a chufla.

El reencuentro sirve para los abrazos, para ponerse el día, para hablar mucho de aquellos años pasados, que acaso no fueron tan buenos. Ellos sobrevivieron al diluvio de muertes propiciadas por la mina o por las drogas y eso parece que es una cruz que han de llevar puesta, como si hubieran haber sido ellos los que la hubieran palmado, sin derecho a seguir vivos.

El lenguaje televisivo afecta al cine y así parece que estuviéramos un capítulo de 7 vidas, con actores como Javier Cámara o Gonzalo de Castro que fueron fundamentales en la serie. Se pretende la comedia, y se logra la carcajada. Con chistes reiterativos como ese ¿engordaste? que oficia la presentación a modo de bienvenida de Cundo.
Cundo siempre fue un pichabrava y Fernando está ahora casado con la que fuera la novia de éste y sigue teniendo miedo de que Cundo se la levante. Cundo calla más de lo que cuenta y en la Argentina las cosas no le van tan bien como todo hace suponer.
Mote no ve con buenos ojos a los inmigrantes que hay en la zona y no tiene reparos en ir a un puticlub a follar con la novia de Pablo que trabaja allí como puta.

Así las cosas, queda abierto el camino para el chiste fácil para forzar cualquier situación, las cuales son previsibles. El caso es que entre los papeles de Suso encuentran unos bocetos, que simulan unas torres y Cuando quiere rendirle ese último homenaje haciendo para él una torre de madera. Nadie está por la labor de ayudarle, porque consideran que es una memez, algo que no servirá de nada, así que tras beberse las cenizas del muerto en una noche de borrachera lo dejan en la estacada con su industria.

Se busca la veta sensiblera, aquella que desata nuestras emociones y humedece el lagrimal y ahí los guionistas se esmeran porque saben tocar la tecla, y hacen que los protagonista de esta historia muden su proceder como por arte de magia. Así el amor brillará de nuevo en páramos donde antes se enseñoreaba la indiferencia, donde el racista abrazará al extranjero, donde el que la ha cagado siempre todo encontrará una posibilidad de enmienda, o el que es incapaz de hacer nada con su mujer que le impone en la cama, acabará teniendo un hijo con ella y así con todos los personajes, pergeñando un cuento de final feliz.

No está mal que nos coman la oreja con historias bonitas de finales felices donde reina el amor y la confraternidad, y donde queda claro que el espíritu de grupo es capaz de hacer grandes obras.
Javier Cámara está estupendo como siempre y el resto le van a la zaga en unos papeles muy estereotipados. El lenguaje empleado es el propio de la calle, con insultos, palabrotas y demás que los hacen más próximos y cercanos a nosotros los espectadores.

A pesar del artificio y de la tramposidad es una película agradable, que a pesar de sus fallos aporta una comedia diferente, en un ambiente campestre con una banda sonora que es lo mejor de la misma. Torres más altas han caído, suele decirse. Cierto, pero siempre se pueden volver a levantar.

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