Metro Manila (Sean Ellis 2013)

Metro Manila

Dirección: Sean Ellis
Guión. Sean Ellis
Intérpretes: Jake Macapagal, John Arcilla, Althea Vega, Miles Canapi, Ana
Abad-Santos, Moises Magisa, JM Rodriguez, Erin Panlilio
Género: Drama/Denuncia social
Casting: Raymond Alzona
País: Reino Unido
Año: 2013
Duración: 105 minutos
Música: Robin Foster


Metro Manila
es una película británica rodada en Filipinas, en lengua tagalo, que nos muestra con todo el dramatismo que podemos encajar, la peripecia existencial que sufre una familia que vive en el norte del país Filipino, la cual subsiste cultivando arroz y que viendo cómo con esas tareas agrícolas no pueden sobrevivir deciden probar una vida mejor en la capital, trasladándose a Manila.

El contraste entre la vida rural y la vida en una urbe caótica, de 11 millones de personas que viven hacinadas, ruidosa, fea, supone un shock. La vida en el campo no les resultaba fácil, al contrario, de ahí su marcha, pero en la ciudad, no tardarán en comprobar la degradación humana en todas sus vertientes: prostitución, delincuencia, drogas,
contaminación, estafas, robos, etcétera.

La familia llega a la capital con lo justo, un hatillo con un par de ropas y dos niñas, una casi recién nacida y la otra con dolor de muelas. Un alma caritativa les ofrece a su llegada un inmueble donde cobijarse a bajo precio. No tardan en comprobar que les han engañado, ya que se trata de una vivienda social y les obligan a irse a otra parte, viéndose dormir los cuatro en la calle, con los bordillos como almohadas.

Queda muy bien definida lo fina que es la línea que separa la pobreza de la indigencia, cuando no tenemos recursos ni apoyo de ninguna clase.
Afortunadamente, Óscar, el padre de familia logra un trabajo como conductor de un furgón blindado y la mujer hace lo propio en un lupanar, en donde no mantendrá trato carnal con los clientes, reducido su trabajo a animar a la clientela a consumir alcohol. A pesar de todo, la mujer siente como todo aquello la degrada y envilece, a ojos vista de sus hijas que la acompañan al trabajo, pues no tiene otro sitio, ni con quien dejarlas. Digo yo, que la mala suerte es como una bola de nieve, que se retroalimenta y ceba en la tragedia.

No abundo más en el contenido de la película para no destriparla y paso ahora a remarcar sus cualidades fílmicas. La historia tiene ritmo, una fotografía luminosa y detallista, una labor actoral notable y combina con acierto el drama humano, sin cebarse en exceso (podría haber resultado otro Biutiful, pero no lo es), con otros elementos que permiten sacar a la luz y dejar en negro sobre blanco que «el hombre es un lobo para el hombre«.

En esa jungla urbana, todos quieren sobrevivir, a cualquier precio, y ante situaciones desesperadas, los hombres y mujeres son capaces de hacer cualquier cosa. Esta desesperación surge de no tener un trabajo, de no tener nada con lo que comprar medicinas o dar de comer a sus hijos, lo que permite que almas nada desinteresadas, valiéndose de la situación desesperada de los otros les obliguen a hacer cosas que de otra manera no harían, de tal manera que éstos acaban degradándose, perdiendo su dignidad, esa que es única e intransferible y que es lo que nos hace humanos. Ellas acaban en la prostitución, incluso llegando como vemos en otros países asiáticos a prostituir a sus hijas sin cumplir los diez años, y ellos, como nuestro protagonista dispuesto a todo, para que su familia tenga una oportunidad.

De una manera muy sutil la denuncia social es explícita. No hay aquí banqueros, ni preferentes, ni la mano invisible del mercado, ni nada similar. Aquí el malo de la película, el enemigo real, de carne y hueso, es la mujer que regenta el prostíbulo, el compañero de trabajo que quiere corromperte, el médico que se cobra los servicios en especie, la esposa perfecta corroída por la avaricia, los jóvenes que te roban a plena luz del día, aquel que te ofrece un piso en alquiler creyendo que te hace un favor y que resulta que te está estafando, y un entorno hostil, sórdido, una urbe corrompida desde los cimientos hasta la aguja de los rascacielos,
etc.

Metro Manila es una película potente, cruda, descarnada a la vez que tierna y hermosa, mostrándonos un dramón con una historia de amor de trasfondo, que la hace si cabe más hermosa, ya que a pesar de todo la pareja busca en el amor entre ellos y hacia sus hijos la energía necesaria para no tirar la toalla, para seguir peleando, aunque sea a la contra, con el aliento de Dios y su fe en el mismo, animándolos a luchar, a perseverar, a seguir confiando en el ser humano, en el otro, porque es lo único que puede salvar/hundir a otro ser humano.

Si podéis verla, hacerlo. Vale la pena y luego me lo contaís.

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1 comentario en «Metro Manila (Sean Ellis 2013)»

  1. Me vi la película subtitulada y me sorprendió, un drama que por desgracia uno ve a menudo, recomiendo verla
    La película empieza con un proverbio filipino que no conocía y que no termino de saber su significado
    «no matter how long the procession, it always ends at the church door».
    No importa cuanto larga es la procesión, siempre finaliza en la puerta de la iglesia.

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