Pintar o hacer el amor crítica película

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Pintar o hacer el amor cartel películaDirección y guión: Arnaud Larrieu y Jean-Marie Larrieu.
País: Francia. Año: 2005. Duración: 98 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Sabine Azéma (Madeleine), Daniel Auteuil (William), Amira Casar (Eva), Sergi López (Adán), Philippe Katerine (Mathieu), Hélène de Saint-Père (Julie), Sabine Haudepin (Suzanne), Roger Miremont (Roger), Jacques Nolot (Michel), Marie-Pierre Chaix (Annick), Florence Loiret-Caille (Élise), Thiago Telès (Joao).
Producción: Philippe Martin y Geraldine Michelot.
Música: Philippe Katerine.
Fotografía: Christophe Beaucarne. Montaje: Annette Dutertre.
Dirección artística: Brigitte Brassart.
Vestuario: Laurence Struz

Hay un tipo de películas que los franceses bordan, como es aquí el caso (no me imagino como sería una historia como esta en manos de algún director español). El matrimonio formado por Madeleine y William adquiere una bonita casa en el campo, emplazada entre montañas, rodeada de frondosos bosques, en plena naturaleza, arrullados por el trinar de los pájaros y el discurrir del río.
William, meteorólogo ha sido prejubilidado y ahora debe ocupar su tiempo libre en alguna labor (ya sea jugando al golf, cogiendo setas, o simplemente viajando). Madeleine, todavía en activo, amante de la pintura, un día mientras pinta en un prado conoce a Adán, alcalde ciego del pueblo, que le invita a visitar una casa que se vende, próxima al lugar donde Madeleine está pintando. Madeleine la ve y luego vuelve con su marido, el cual se interesa por la casa, de tal manera que la acabarán comprando, dejando así la ciudad por el campo.

Al poco de instalarse reciben la visita de Adán y de su joven y atractiva mujer Eva. Algo de fruta prohibida hay en la relación que se establece entre los cuatro, porque aprovechando una mañana en la que Eva quiere ser pintada por Madeleine, tras desnudarse la primera (hastiada de que nadie vea su cuerpo desnudo, voluptuoso, joven y terso desde hace mucho tiempo), esta acaba en los brazos de Madeleine y luego en los de William.

De esta manera sus ocupaciones burguesas, son arrolladas por el fuego de la pasión, el baladro de la carne, el llamamiento de la bestia que pide sustento carnal y sus mentes solo albergarán entonces la posibilidad de volver a gozar de un cuerpo ajeno. Algo que hasta entonces era algo desconocido para ellos, entra a formar parte de sus vidas de un modo natural, como algo no pretendido a priori pero para lo cual existía una predisposición (como si la infidelidad fuera algo tan connatural como la muerte). Ambos miembros de la pareja asumen las infidelidades respectivas, ejectuadas bajo un mismo techo, en un principio con sentimiento de culpa, pero al mismo tiempo la infidelidad les sacia y reconforta, como si esa fuente de placer externo fuera algo que al mismo tiempo los uniera más que antes, los volviera más cariñosos y activos sexualmente tanto fuera como dentro de su catre, ahora que entre ellos el sexo había pasado a un tercer o cuarto plano, soterrado el deseo carnal entre lujos, comodidades materiales, treinta años de convivencia y una hija común.

Tras ese primer encuentro, la casa de Adán y Eva se incendia y estos deciden irse a una isla del Pacífico, aprovechando la invitación de unos amigos. Dado que la hija del matrimonio se casará en breve, se valdrán de ello para invitar de nuevo a Adán y Eva al enlace, que tendrá lugar en la casa del pueblo, con la vana esperanza de fomentar otro encuentro.

Una vez que se ha comido la fruta probidida, inoculado ya el veneno, importa poco un cuerpo que otro, asemejados todos ellos en su finalidad y descubren finalmente como se verá, que no hace falta dejar la casa, ni correr detrás de Adam y Eva, mendicantes de su sexo, porque ahora ellos son Adam y Eva.

Dirigen Arnaud y Jean Marie Larrieu.

Destacan las buenas interpretaciones de Daniel Auteil y Sabine Azema, plasmando muy bien el cambio que experimentan, su transformación a medida que se van acercando al abismo, o simplemente al espejo, que arroja el reflejo de lo que son, sin saberlo.

Amira Casar
(Eva) se dedica a mostrarse desnuda y poco mas. Sergi López (Adam) en el papel de invidente, se muestra con una naturalidad tal que parece que no necesitara interpretar. En este caso que sea ciego ayuda mucho, pues no puede interpretar con la mirada, los ojos guarecidos casi toda la película tras unas gafas de sol.

Pintar o hacer el amor
participó en la Sección oficial en el Festival de Cannes en 2005.
Nos queda una película cálida, acogedera, tierna, elegante y sensible, donde el erotismo cede en pos de la sensualidad y la imaginación.

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