Miniserie Unorthodox (2020)

De reciente estreno en Netflix, y ya comentada reciente en Cuak, Unorthodox es una miniserie de 4 capítulos de menos de una hora de duración, basada libremente en una autobiografía novelada, la de Deborah Feldman. Aunque la historia y la de su alter ego en la pequeña pantalla, Esther Shapiro, dista mucho de ser igual.

La serie tiene 2 partes bastantes diferenciadas. Una la que sucede en New York, en la parte de la ciudad que habita la comunidad judía jasídica a la que la protagonista pertenece. Es una comunidad ultra religiosa, aislada del mundo, y tanto es así, que prácticamente no reconocemos la ciudad de Nueva York. Es la antítesis de las películas de Woody Allen o de cualquier otra en la que edificios o lugares emblemáticos siempre nos hacen situarnos en la Gran Manzana. Aquí no, de hecho, la mayor parte de la acción transcurre en interiores.

Esty, la chica protagonista decide huir y se planta en Berlín para empezar una nueva vida de cero. Aquí la historia y la forma de reflejar la ciudad cambian completamente. Sí que vemos partes representativas de Berlín, sí que acudimos con Esty a parques, lagos, disfrutamos de una ciudad abierta y soleada en la que la multicultura, la libertad y la pluralidad es la nota dominante, en contraste con esa comunidad cerrada, aplastante y anuladora .

La historia se va contando saltando de lo que sucede en un lugar y otro, aumentando el contraste, mostrando lo asustada que está la protagonista pero su valentía que la anima a conseguir esa nueva vida que está buscando, liberada de las ataduras de la comunidad que ha abandonado y de la que ya nada quiere saber.

Cuando intenta comunicar con su familia, con su abuela en concreto, vemos como esta coge el teléfono y sin decir palabra escucha a su asustada nieta, llorosa, pero decide seguir callada y colgarle. Esta escena muestra el punto de inflexión en el que Esty sabe que está sola, que está perdida y que si vuelve, volverá a un infierno mayor que el anterior. Por su cabeza en ese momento pasa la oscuridad de su situación. Con sus pocas pertenencias encima, nada que recuperar de lo dejado atrás, nada que mantener en la actualidad, solo le queda seguir y luchar.

En esa parte de la serie es cuando se da el otro gran contraste. El marido de Esty, Yanki y un primo, Moishe, que ya salio de la comunidad y volvió a ella, van a Berlín a buscarla. Estos siguen siendo parte de la comunidad y a pesar de estar en una ciudad extraña, ambos se comportan de forma diferente y diferente también a Esty.

Mientras ella quiere dejar todo atrás, Moishe quiere volver a tomar las mieles de la vida fuera de la comunidad que ya probó y que decidió dejar atrás (en apariencia por problemas con el juego que vuelven a salir a relucir). Por su parte Yanki está asustando, todo le parece caótico, fuera de la rectitud que sigue en su comunidad. Está acostumbrado a seguir una línea que no quiere dejar, pero que no encuentra en la ciudad abierta con que nos representan Berlín.

Además de estos 3 personajes que ven la vida, el futuro y el pasado de forma tan diferentes, encontramos también a Leah, la madre de Esty, que viven en Berlín y al igual que ella dejó muy joven la comunidad sin que le permitieran llevarse a su hija, pequeña por entonces. Ella vive con otra mujer como pareja e intenta ganarse la confianza de una hija a la que, como cualquier secta que se precie, la historia que le habían contado de su madre era muy diferente a la real. Es otro punto de vista de la vida y las libertades, de las obligaciones y los derechos, de una mujer que ha pasado ya por lo que su hija, por cierto, también embarazada, está a punto de pasar.

La parte neoyorquina tiene una visión documental muy interesante por la diferencia de culturas, por las limitaciones y los engaños a los que las religiones someten sin que los afectados se percaten, pues al no haber vivido otras cosas, no saben lo que se pierden. Es enriquecedora en ese sentido, pero no pasa de mera curiosidad porque para la mayor parte de nosotros es un mundo al que estamos a años luz en distancia física, afectiva y cultural.

La parte berlinesa, sin embargo, con su luminosidad es más pastelosa, más estereotipada, con golpes de efecto sentimentaloides muy vistos ya y que no aportan nada en lo artístico ni en lo afectivo, por tanto. Es como una postal turística de ven a Berlín, la tierra de las libertades. Y no es que no sea cierto, pero esta producción alemana (he ahí el quid) se encarga de enfatizarlo.

Por cierto, que no dejéis de visitar ese Berlín abierto y cosmopolita que realmente es así. Y también Nueva York, que no es tan oscura como se muestra aquí, ni mucho menos.

Y como curiosidad, la serie en una gran parte está rodada en yiddish, la lengua hablada en la comunidad

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